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El entretenimiento nuestro de cada día (Artículo)

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– La Historia Jamás Contada –

Un tema con una larga, larguísima historia que, sin embargo, conserva toda su actualidad es sin duda el del ENTRETENIMIENTO, que ha merecido no sólo la atención de los moralistas de todas las épocas, generalmente para denostarlo, sino también de aquéllos que han entrevisto en él la posibilidad de convertirlo en algo socialmente productivo, desde su uso pedagógico hasta su capacidad de movilizar políticamente, es decir, desde la formación misma del individuo hasta su conducción ya como parte de una masa, al margen del entramado institucional creado específicamente para ello.

Lo primero que diferencia al entretenimiento del llamado “trabajo socialmente necesario”, punto de partida de la teoría marxiana -con “x”- del origen, conservación y desarrollo de las sociedades reales, más allá (o más acá por su inmediatez) de cualquier idealización mítica, incluso las más perversas (como el “Arbeit macht frei” nazi, equivalente en los hechos del dantesco “lasciate tutta speranza voi ch’entrate” colocado sobre la puerta de su Inferno), es su carácter voluntario, no forzado como lo es en principio el trabajo.

Pero desde siempre también ha sido una virtual obligación buscarse un entretenimiento para el TIEMPO LIBRE -de trabajo, se entiende-, llegando a su máxima presión en las sociedades modernas con la llegada de la adolescencia, caracterizada por la guerra de independencia ideológica respecto a las generaciones anteriores, en la cual la juventud ya como clase, se afana por diferenciarse radicalmente y primero que nada, en la manera de entretenerse, como hace apenas unos días con Swift, no el de Robinson Crusoe sino la cantante y show woman (Aunque en su momento, sin duda muchos jóvenes sí se hicieron a la mar como aquél, lanzándose literalmente “a la ventura”, por donde los llevaran los vientos.)

Y hablando de clases (sociales, no de escuela, por “nueva” y mexicana que ésta sea), es también la forma de entretenerse la que traza la línea entre lo que se era antes y lo que se es o desea ser en este momento, pues no es lo mismo entretenerse en una cantina de película de ésas que todavía pasan por televisión, que buscar alternativas más en consonancia con las nuevas posibilidades, por más que haya nostálgicos en los medios y el Gobierno empeñados en anclarlo a uno en su particular universo sentimental. (De hecho, fue a través de los recursos del entretenimiento de la época, que pudimos enfrentar el reto de diseñar un Curso de Educación Sexual que resultara atractivo para los preparatorianos de entonces, como les relaté el artículo pasado.)

Así que el entretenimiento se revela como algo -o mucho- más que una mera forma de liberarse del stress (“tensión”, en este caso, nerviosa) acumulado por los trabajos de la vida, un relajamiento sin mayores consecuencias prácticas, resultando en cambio un poderoso factor en la toma de conciencia de haber llegado, de haberlo LOGRADO… aunque eso depende también de qué entretenimiento se haya elegido.

Por ello el entretenimiento, como ocupación específica durante los periodos de ocio, también tendría que ser pensado pero no reglamentado -pues eso lo destruiría al convertirlo en su opuesto cualitativo: el trabajo-, sino para garantizar al sujeto un margen de libertad tanto respecto al entretenimiento mismo como a lo que hará después, ya que un entretenimiento que se repite indefinida e idénticamente cada vez, termina por ser tedioso, perdiendo así su misma razón de ser.

Y si, aludiendo al título, no sólo se vive de pan, tampoco se vive sólo de entretenerse, sino de muchas otras cosas, correspondiendo a cada quién decidir cuáles serán ésas.

¿Ustedes qué opciones considerarían?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.