Caminos entrecruzados, cada momento, cada día.
Es el riesgo de «vivir a tope».
Pueden ser grandes o pequeñas, trascendentales e inciertas, ignoramos el resultado final, decisiones sustentadas por nuestros recursos de vida: emociones, espíritu, intelecto; también basadas en creencias, tradiciones o como enseñanzas de los caminos transitados por otros, siempre a prueba y error: instinto, sabiduría, ¿locura?, ¿desesperación?, ¿soledad?, ¿ira? con o sin orientación.
Asuntos confusos, difícil de resolver…
Como aquellas pesadillas donde desconocemos la salida o como (por lo menos), retornar al punto de partida.
El laberinto de las decisiones todo el mundo lo transita, a ciencia cierta o a ciegas, «símbolo del buen camino que todo cristiano debe realizar hacia la redención».
El ateo confía en su expertise y capacidad limitada de análisis sin un Dios. Hay quien a cada paso confía en un poder superior, sin embargo, no existen garantías.
Calles y encrucijadas, para confundir a quien se adentre en él, de modo que no pueda acertar la salida.
Así es la vida, mi vida, tu vida, ¿o no?
Algunas decisiones ayudaron, otras nos llevaron al mismo lugar; regresar después de avanzar tanto, ¿un juego tramposo del destino?
Lecciones no aprendidas a la primera, a la segunda, ni a la tercera, cientos de ellas cada vida: en soledad o en compañía, al ojo del buen escrutinio de una sociedad que cree tener la razón desde su reducida e ingenua mirada por el caleidoscopio.
Es en vano ignorar las voces de las ideologías opuestas, tan en vano como considerar las verdades asumidas como propias.
Los dioses se entretienen y divierten en sus juegos de mesa donde los «humanitos» somos las fichas que finalmente mueven a su antojo.
«Espacios entrecruzados, en el que es difícil orientarse y encontrar la salida».
Estupidez del pensamiento mágico que no cambia el poder de la máxima: «Uno no es lo que quiere sino lo que puede ser».
Ésta es la vida, tu vida, mi vida.
Engreído el pensamiento que asegura: «saberlo todo, tenerlo todo, conocerlo todo» tan ínfimo como el polvo.
C.P. Marcel Moranchel. Autora mexicana. Escritora, poeta y comunicadora.




























