Por Sabersinfin (Podcast realizado por el Dr. Cristóbal Homero Machuca Reyes)
Puebla, México – Abril de 2026
¿Cómo es que un portal digital creado en los albores de la Web 2.0 terminó influyendo en la Constitución de un estado y dando vida a un movimiento filosófico internacional? Lo que parece una premisa de ciencia ficción es, en realidad, la trayectoria de dos décadas del Movimiento del Saber Infinitista, un ecosistema de pensamiento que hoy desafía las lógicas de la era de la información.
A raíz de la reciente publicación del video documental basado en el texto Saber Infinitista: Fundamentos, Desarrollo Histórico y Segundo Manifiesto de Miguel Ángel Martínez Barradas, analizamos los pilares que sostienen esta propuesta humanista.
Un corpus vivo: más allá de los bits
El origen se remonta al 12 de octubre de 2006, cuando el Dr. Abel Pérez Rojas fundó en Puebla el portal Sabersinfin.com. Durante años, el sitio funcionó como una plataforma de divulgación, pero para el año 2023, la comunidad notó que algo había cambiado: ya no eran solo cables y servidores. Habían acumulado un “corpus”, un cuerpo vivo de interacciones y redes internacionales que operaban bajo una ética de colaboración única. Al nombrarse como “movimiento”, el colectivo asumió la responsabilidad de definir principios claros frente a un mundo saturado de consumo digital.
La educación como condición de vida
Uno de los motores de este movimiento es la visión del Dr. Luis Benavides Ilizaliturri sobre la Educación Permanente. En un mundo que confunde educar con “capacitar para el mercado”, el saber infinitista propone que la educación es la condición misma que nos hace humanos.
Esta no ocurre exclusivamente en un aula ni termina con un título; empieza en el vientre y trasciende incluso después de la muerte a través del legado cultural. “Aprender es sinónimo de vivir”, postula el movimiento, rechazando la idea de que somos simples piezas de software que deben actualizarse para ser útiles a una empresa.
El hito legal: protegiendo la inteligencia comunitaria
A diferencia de otros movimientos filosóficos que se quedan en la teoría, el saber infinitista ha logrado incidencia pública real. El movimiento fue el principal impulsor de reformas al Artículo 12 de la Constitución del Estado de Puebla, logrando que el Estado tenga la obligación de reconocer, proteger y fomentar los saberes colectivos.
Esta defensa es crucial en la era del “extractivismo cultural”, donde grandes corporaciones suelen patentar conocimientos tradicionales de comunidades locales sin beneficio alguno para sus creadores. El saber infinitista propone que el conocimiento comunitario es de “código abierto”: debe fluir y adaptarse para resolver problemas presentes, evitando ser “momificado” como simple folclore para turistas.
El barrio y la poesía: herramientas de resistencia
Para el movimiento, el aula principal es el barrio. A través de la Carta del Barrio Educador (2015), se denuncia cómo los espacios públicos a menudo nos “deseducan” mediante la normalización de la violencia y el consumismo.
Frente a esto, el saber infinitista propone una tecnología cultural sorprendente: la poiesis (poesía). No entendida como rimas decorativas, sino como la creación consciente capaz de interrumpir el ruido de la violencia. La poesía tiene el poder de “reabrir la capacidad de conmoción ética”, recordándonos que el sufrimiento del otro no debe ser el paisaje normal de nuestras calles.
Hacia una sociedad del saber
El reciente Segundo Manifiesto (2026) marca la hoja de ruta hacia el futuro, distinguiendo la Sociedad de la Información de la Sociedad del Saber. Mientras la primera se mide en gigabytes y velocidad (pero a menudo convive con la indiferencia moral), la Sociedad del Saber exige fronesis o juicio práctico.
El compromiso final es claro: justicia epistémica para las comunidades marginadas y responsabilidad ética por las consecuencias de cada innovación tecnológica.































