¿Por qué al dejar de claudicar
arrojamos al polvo el fiel bastón
que por tiempo nos ayudó a caminar?
¿Acaso en la posibilidad de caminar
se olvida el ayer,
se quiebra la unión que existía sin él?
Así somos, carne de ingratitudes,
navegantes de un mar fugaz;
cuando la mano que nos
sostuvo ya no nos sirve,
ya no lo necesitas,
ahora caminas solo porque
en tu mundo nuevo lo viejo estorba.
¿Cuántos nombres dormitan solos,
sepultados en un rincón?
¿Cuántos rostros, cuántos desvelos
dejamos fríos sin bendición?
Nos creemos dueños del viento,
del sol que besa sin condición,
mas cuando el alba nos da
sustento, le damos sombra por gratitud.
¿Qué nos pasó, humanidad errante?
¿Por qué olvidamos con tanto afán?
¿Por qué el amor que fue constante
es un despojo cuando se va?
Tal vez un día, cuando en la sombra
busquemos manos de ayuda,
y no haya voz que nos descubra,
descubriremos con lenta angustia
que fuimos cojos sin redención.
Así somos,
hijos bastardos del egoísmo,
sombras que besan y después
escupen almas de hielo disfrazadas de fuego.
Nos tienden la mano,
nos alzan del lodo, pero cuando aprendemos a correr,
pateamos la cuna donde despertamos.
¿A qué precio compramos el olvido?
¿Cuánto vale una espalda vuelta,
un adiós sin peso,
un nombre enterrado en el polvo del desuso?
¿Cuántas voces se apagan en la indiferencia?
¿Cuántos latidos mueren sin huella?
¿Cuántas lágrimas caen sin culpa?
El ingrato devora su propia historia,
escupe el pan que lo sostuvo,
se alza sobre huesos que aún tiemblan,
y se cree grande
hasta que un día la vida lo voltea
y ve su reflejo en los ojos de otro
que lo olvida con la misma frialdad.
¿Cuántas lágrimas caen sin culpa?
Y ve su reflejo en los ojos de otro
que lo olvida con la misma frialdad.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























