Por: Nancy Almassio (Argentina)
En el año del sesquicentenario de la creación de la Academia Mexicana de la Lengua
Estamos rodeados de palabras. Desde que nacemos escuchamos palabras, hablamos, nos comunicamos con vocablos y gestos, nos emocionamos, respondemos, aprendemos. Más tarde, nos introducen en una máquina social para que el lenguaje oral aprendido se constituya en lenguaje escrito. La máquina transformadora tiene personal especializado, tiene métodos, tiene tiempos organizados, hasta tiene sistema de evaluación para que los sujetos se apropien de la escritura. Sin embargo, hay algo en las palabras que no se enseña, que se evoca, que se sueña: el poder de significar.
En el diccionario, podremos encontrar un significado de las palabras. Pero, este repertorio de definiciones ordenados alfabéticamente podrá, acaso, definir la “sombra” del soneto de Sor Juana Inés de la Cruz o definirá “agua de la espada” a la sangre como los sajones, citados por Jorge Luis Borges en La Metáfora. Por ello, el sentido en su contexto es el poder que llevan las palabras como un patrimonio propio. Podríamos hablar de la ambigüedad, de la vaguedad, o simplemente del misterio del lenguaje particularmente, del lenguaje poético.
La palabra oral fluye, como un manantial de agua cristalina, por el aire. Todos hablamos para comunicarnos. Casi siempre hablamos. Sólo el silencio es el límite a las palabras orales, sin embargo, también son el puente por donde circulan los pensamientos. Vuelan las palabras, se mezclan, se conjugan hasta que ya no queda espacio donde respirar y quizá, ese punto culminante, sea el que abra la puerta a la escritura. Una vez abierta esa puerta de la inspiración o de la necesidad de perpetuar un pensamiento, escribimos. Las palabras grabadas con tinta en el blanco de la hoja serán como olas en el mar, en una ondulante danza de verbos y verdades.
Hemos construido un universo de palabras. Al escribir, creamos mundos, representaciones de lo que vemos e interpretamos. Mientras que, al leer, recreamos esos mundos con nuestras propias vivencias y significaciones. Por ello, es preciso revelar el poder de las palabras.
Hace unos días, tuve oportunidad de ver, a través de YouTube, una entrevista que el periodista Ricardo Rocha le realizaba al director de la Academia Mexicana de la Lengua en el año 2019. En dicha entrevista, el Dr. Gonzalo Celorio Blasco, quien en ese año era elegido como director de la AML, reflexionaba sobre el significado de las palabras y el rol de la Academia Mexicana de la Lengua en torno al estudio y cuidado del buen uso de la lengua española tanto en su expresión oral como escrita en dicho país. Retomaré algunas de sus expresiones confluyen en la argumentación de este breve artículo.
El ser humano ha desarrollado el lenguaje como medio de expresión y comunicación. En este sentido, Gonzalo Celorio definía a la palabra como “lo genuino, lo primigenio, lo que diferencia al ser humano de cualquier otra especie”. En cuanto a la lengua oral y escrita, también el director de la AML consideraba que “la lengua fundamentalmente es oral, es inherente al ser humano, la escritura viene muchos años, siglos, milenios después y esa escritura no es otra cosa que la reproducción de la lengua oral que es parte de la naturaleza”. La escritura como tecnología y la escuela como institución social educadora aparecen muchos después del lenguaje oral.
En cuanto al significado de las palabras, podemos evidenciar dos dimensiones. Por un lado, hay una dimensión restrictiva en el proceso de nominación, pero, por otro lado, hay una dimensión amplificadora, liberadora y hasta infinita de la metáfora en la palabra poética. Celorio describe el caso del sistema de escritura considerado reductor al imponerse tan sólo 28 signos en el alfabeto latino para todas las palabras del patrimonio verbal.
Comenzábamos este artículo diciendo “Estamos rodeados de palabras”. Celorio lo expresa desde otra perspectiva, pero desde una misma línea argumental: “En rigor nadie conoce el mundo sin palabras, el lenguaje es una manera de organizar el mundo, de conocerlo”. El lenguaje nos permite redescubrir el mundo que percibimos por los sentidos. Las palabras escritas nos permiten tomar conciencia del sentido de los significados propios. Nuestras palabras nos permiten construir identidad, reconocernos en lo que expresamos en la escritura. Si tomamos el caso de la escritura poética, en ocasiones, los versos ofician de presagios, anticipaciones reveladas al poeta. La poesía es vehículo de la manifestación de un mundo interior, de un estado inconsciente del autor que es posible exteriorizar a través de escritura poética. Esta, es misterio y descubrimiento a la vez.
Podemos afirmar, para finalizar, que todos los seres estamos inmersos en un mundo comunicacional desde que nacemos. El lenguaje oficia de nexo y significado del mundo que nos circunda, que nos aloja, que nos define. Nuestras palabras exponen lo que somos. Por ello, hay oportunidad de optar por el uso de un lenguaje “transparente”, franco, verdadero, empático. Este uso del lenguaje, este estado poético y el uso de palabras “transparentes” nos guiará por el camino del poder de las palabras para un mundo de paz y comprensión. El director de la AML define al lenguaje como vehículo de las cosas bellas entre las que menciona a la poesía. Dice Celorio: “El lenguaje es el vehículo del amor, es el vehículo de la pasión, es el vehículo de la inteligencia, es el vehículo del conocimiento, es el vehículo del arte, del arte literario, de la poesía”.
La Academia Mexicana de la Lengua cumplirá 150 años el próximo 11 de septiembre y entre el 2 y el 11 de septiembre se llevarán a cabo jornadas conmemorativas en su sede (Donceles 66, Centro Histórico). Miembros numerarios y correspondientes darán cuenta de la importancia y presencia de la institución en la vida nacional a lo largo de siglo y medio. En la sesión inaugural Gonzalo Celorio, escritor, ensayista, crítico literario y profesor universitario en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y director de la AML, habló del pasado, el presente y el futuro de la AML.
Desde Argentina, una salutación a los miembros de número y correspondientes de la Academia Mexicana de la Lengua por su centésimo quincuagésimo aniversario de su creación y un poema sobre las palabras libres, las palabras del alma humana.
Cuando se abran los ojos de tu alma
Liberadas,
sin censuras,
transitan las palabras
el abrumador silencio de la mente.
Como si hubieran abierto
las compuertas, un dique
y avalanchas de verdades
fueran empujadas
a ser cuerpo en el afuera,
a ser forma y contenido,
sin continente.
Libertad absoluta.
¡Será sabiduría! ¡Será experiencia!
¡Será el tiempo!
Maduran, las ideas, cual un fruto
y caen en la tierra
para dar origen a la procreación.
Milagroso instante
en que rompe, la cáscara, el brote.
Liberadas,
sin ataduras,
se hacen visibles las palabras,
en la brutal oscuridad de la noche,
como si trajeran la llave
que enciende las luces,
el fuego de la antorcha,
el faro para el navegante.
En esa liberación,
comienza a funcionar la brújula.
Los vientos del norte
acompañan a las palabras francas
hasta el umbral del día
y allí, en ese momento
se presentan, una a una,
hermanadas
en la fraternidad del verso.
Serenas,
abren las páginas
y descubren los sentidos
del más oculto significado.
Se pronuncian haciendo equilibrio
en la cornisa de la conciencia
sin temores de caer.
En la fragilidad del día,
las palabras dichas, son eternas
marcadas a fuego, como en la yerra.
Serenas.
La serenidad es económica.
Sólo palabras buenas, inspira.
Ahorro de ambivalencias,
ambigüedades y juicios.
Palabras llanas, sin prejuicios.
Mensajes del alma.
Miles de días y sus noches,
vives sumergido en el silencio,
no respiras, no sientes, sólo escuchas.
De repente, sabio viento norte
sopla y levitan los sonidos
devenidos en verdades.
Cuando se abran los ojos de tu alma,
habla, pronúnciate,
no dejes que se apague la llama.
Es tiempo, levántate
que ya están liberadas,
serenas, visibles, iluminadas,
tus palabras.
Poema incluido en El exilio de las almas (2025) de Nancy Almassio.
Nancy Almassio es poeta, educadora e investigadora necochense. Autora de cinco poemarios. Es Presidente de la Sociedad de escritores de la Provincia de Buenos Aires Filial Necochea. Es coordinadora de Sabersinfin en Argentina.





























