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El poeta, ¿un místico, un asceta o un filósofo?

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Imagen de autor MariCarmennd9, en PIXABAY

Por Nancy Almassio (Argentina)

-Poéticas del mundo-

A menudo nos preguntamos sobre el sentido de las cosas, de los conceptos, de las palabras. Podríamos interrogarnos acerca de la acepción de un vocablo incluido en una frase o sobre el significado denotado o connotado de las palabras. Pero, muchas veces, hay conceptualizaciones más allá de los significados del diccionario o la empiria (del griego empeiría, “experiencia”). Hay algo en lo inmanente, en el interior de las palabras, un algo que expande y diversifica los sentidos de acuerdo a los contextos y las voces que las proclaman.

En este mar de preguntas en que nos sumergimos, nace la palabra poética como manifestación de la connotación, de la ambigüedad y, por ende, de esa diversificación de sentidos, esa expansión del lenguaje a través de la metáfora.

El poeta Carlos Alcorta, en virtud de pronunciar un discurso titulado ¿Qué significa ser poeta en la actualidad?, expresa que “la lectura y la escritura de poesía constituyen, por sí mismas, barreras de resistencia culturales, frecuentarlas supone una defensa implícita de la educación porque ambas son representaciones de una forma de ver el mundo en el que la ética y la moral dejan de ser palabras vacías de contenido y se convierten en paradigmas, en guías de nuestros actos”.

Como podemos advertir, Alcorta encuentra en la poesía un modo de representar al mundo a través del modo particular de uso del lenguaje que crea el poeta.

En este sentido, el poeta -sentencia Alcorta (2015)- es un hombre como cualquier otro que trata de hacer comprensible lo que no comprende gracias al lenguaje. Sólo la forma de ver las cosas, de detenerse en ellas lo convierte en un ser diferente. Es decir, el poeta vive desde una contemplación activa, desde una resignificación inconsciente, desde una traducción figurativa, metafórica y/o simbólica.

Coincidimos con Alcorta cuando dice que “el poeta debe ser un defensor de la lengua en la que escribe, debe utilizarla hasta extraer de ella sus máximos registros”. Mucho hemos argumentado sobre el lenguaje “transparente” y “claro” en la poesía en el sentido de la brevedad, síntesis y profundidad de las palabras a través de la metáfora.

Hasta aquí, hemos definido al poeta como un creador, como un hombre común que hace comprensible lo incomprensible gracias al lenguaje, un observador de lo que está oculto de la sociedad, un defensor de la lengua. Pero, tal vez, haya algo más en la esencia de la palabra poeta.

Hay un libro que llegó a mis manos, un caluroso día en Puebla, hace unos años. Este libro es una apasionante aventura a través de la voz poética de sor Juana Inés de la Cruz a la luz de la filosofía. En El mundo iluminado: Filosofía y revelación en sor Juana Inés de la Cruz, su autor, el mexicano Miguel Ángel Martínez Barradas expresa la pregunta ¿Es Sor Juana una mística, una asceta, una filósofa?

Este interrogante se enlaza con la que ya hemos formulado en nuestro artículo¿Dónde están los poetas? Allí señalábamos que, los poetas están en el camino de la búsqueda de una sensibilidad nueva, como señalaba César Vallejo.

Y hoy, a la luz de las adjetivaciones que Martínez Barradas acerca para la poeta mexicana, parafraseamos al filósofo del hermetismo para ampliar el escenario de un cuestionamiento ético, pragmático y también filosófico, ¿Es el poeta un místico, un asceta, un filósofo?

Siguiendo a Martínez Barradas, las preguntas que nos hacemos “con seguridad, nunca lo sabremos y cada uno de (los) apasionados lectores tendremos que sacar nuestras conclusiones”. Aunque sí, al leer la obra de sor Juana y por qué no también, la de otros tantos poetas clásicos de todos los tiempos, descubriremos que “la revelación ocurre y la sabiduría se presenta” en el proceso de escritura poética y que se recrea a través de cada una de sus lecturas.

Nos preguntábamos si el poeta es un místico, un asceta o un filósofo y considerando las aproximaciones a una definición de poesía que hemos desarrollado en anteriores artículos, como “la traducción del habla del alma”, “la expresión de lo que no se deja ver, de lo invisible”, “la quintaesencia de la creación de sentido, de belleza y de verdad”, advertimos que hay mucho camino por desandar.

En primer lugar, un poeta se aproxima al misterio de lo invisible. Si la poesía es “la traducción del habla del alma”, entonces el poeta se convierte en un intérprete de lo sagrado, alguien que busca lo que no se deja ver y lo revela en palabras. El poeta místico se adentra en lo inefable y lo transforma en experiencia compartida.

Por otra parte, la creación poética exige disciplina, despojamiento y entrega. El asceta renuncia a lo superfluo para alcanzar lo esencial; del mismo modo, el poeta depura el lenguaje, lo desnuda de artificios, y se somete a la rigurosa tarea de encontrar la palabra justa. La poesía, como “quintaesencia de la creación de sentido”, requiere esa austeridad que convierte la práctica en una forma de ascetismo.

Finalmente, estamos convencidos que los poetas no solo embellecen la realidad, sino que la interrogan a través de creación poética. Si la poesía es “la expresión de lo invisible”, también es búsqueda de verdad y el saber. El filósofo se pregunta por el sentido de la existencia; el poeta, con otra lógica, formula esas mismas preguntas y responde a partir de una equilibrada conjunción de lo extrínseco y lo intrínseco.

La poesía -nos revela Martínez Barradas (2022)- (es) un territorio inagotable de sentidos en lo que las cosas y las palabras son más que cosas y palabras…Cada verso es un mensaje cifrado esperando a ser develado…La poesía nunca es literal y siempre está a la espera de que su lector, que es una suerte de intérprete místico, enriquezca con su intelecto lo que el poeta quiso decir de manera velada”. (Martínez Barradas, 2022, p. 188).

Como vemos, el poeta puede ser a veces, místico, asceta y filósofo, pero también ellector encarna esos roles al entrar en el mundo poético. Incluso, podríamos decir también, que la poesía es la que nos invita a ingresar en un mundo de misticismo, ascetismo y filosofía en un viaje apasionante e interminable a través de las palabras y sus múltiples sentidos.

En estos tiempos digitales y convulsos, quizá necesitemos contar con certezas, considerar a los poetas como seres que nos acercan un cielo de sabiduría: un camino de indagación y de amor por las palabras que permite una transformación en intérpretes del mundo y en mediadores de la verdad humana.

Siguiendo el análisis del poema Primero Sueño de sor Juana del Dr. Martínez Barradas, un poeta asume que la sabiduría implica sufrimiento, ese sufrimiento se transmuta en belleza, en revelación y en sabiduría. Este poeta descubre también, que hay un lenguaje que elucida las verdades del hombre, un habla que no tiene voz pero que se pronuncia en cada rincón en que haya vida: la voz poética.

Es oportuno, compartir algunos versos de un poema argentino que revela un sentir en diálogo con lo desarrollado en los anteriores párrafos: “En la conciencia de las virtudes/se encierra, diminuto, un tesoro:/un secreto milenario, una receta,/una palabra oculta en el decoro./…/En los albores de las letras,/es la poesía la vital respuesta:/existe en un cofre invisible y sagrado,/un mundo de versos, verdad y belleza(Almassio, 2026).

En definitiva, sería el poeta quien guiado por su amor por las palabras encienda una luz en la oscuridad, abra el camino de las revelaciones y la búsqueda de sentido de su voz propia, a través de un trabajo minucioso y metódico con las palabras. Ese dialogismo eterno entre el poeta y palabras, poesía y lectores, será el que nos conduzca por el camino de la sabiduría infinita.

Nancy Almassio es poeta, educadora e investigadora argentina.