Por Salvador Calva Morales
El tiempo… el tiempo que escapa del día
y en la noche se esconde con cruel cobardía,
ese tiempo que nunca me deja medir
los instantes sagrados que quiero vivir.
Se llevó de mi frente el cabello negro,
me dejó pensamientos y de sueños lleno.
Me vigila en silencio, me ronda al pasar,
pero no ha conseguido mis ganas quebrar.
No tocó mi mirada ni apagó mi pasión,
ni el gusto sincero de esta bendición:
gozar cada hora, cada risa, cada intento,
aunque sienta en los huesos su soplo violento.
Ay, tiempo… te daré tiempo.
¿A dónde se lleva los ojos sin vida,
la danza apagada, la llama vencida?
¿Dónde esconde las ganas, las ansias de amar,
las noches en vela, con ganas de estar?
Ay, tiempo… ¿me das más tiempo?
El tiempo sin ruido me cambió la ropa,
me puso una corbata,
me arrancó la copa.
Se llevó la novia que en la esquina besaba,
la risa inocente que todo curaba.
Ay, tiempo… ¡qué prisa llevas en el tiempo!
Hoy me deja la piel arrugada y callada,
la fuerza dormida en la fría alborada,
sin calcio en las piernas, sin luz en los ojos.
Me regala dolores, me arrebata antojos.
Tiempo al tiempo…
Pero hay algo sagrado que nunca me quita:
mi alma de fuego, mi pluma bendita.
Que robe mi cuerpo, que apague mi día…
jamás te daré mis versos
y menos mi poesía.
¡Pasa, tiempo!
Tiempo… tiempo…
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























