Cada mirada tuya, un universo,
donde el tiempo se detiene en su andar,
y el corazón se queda inmerso,
en la magia de tu dulce mirar.
Tus ojos son estrellas en el cielo,
brillando con un fuego celestial,
que en mi alma encienden un anhelo,
de amarte con amor incondicional.
Susurros de tu voz en la penumbra,
melodías que acarician el ser,
y el alma en tu presencia nunca alumbra,
sólo en tus brazos hallo mi amanecer.
Cada latido es un poema eterno,
escrito en el lenguaje de tu piel,
donde el amor florece como un sueño,
y en ti encuentro mi refugio fiel.
Enrique Canchola Martínez




























