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En busca de sensaciones

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Foto: Pixabay

Mi escrito de hoy,
en versos lo explico,
amanecí crítico, reflexivo,
esperando comprensión,
lentamente te suplico.

¿Cuál es la línea entre erotismo y perversión?
Una pluma, un orgasmo,
la oca en cuestión.
Comienza el juego que hoy rige la pasión,
más allá del romance,
más allá del candor.

Hoy las reglas han cambiado, las dicta la piel,
no basta con el romance que un día fue ley.
Ahora el deseo dibuja rutas sin guiar,
y en cada caricia, se enciende un palpitar.

Ya no es suficiente prometer un hogar,
ni jurar amor eterno al altar.
Hoy las chicas exigen fuegos que ardan,
orgasmos que enciendan y nunca se apaguen.

Un toque de pluma,
un roce sutil,
se tornan en juegos de placer sin fin.
Entre risas y gemidos,
luces y sombras,
buscan sentir lo que el alma nombra.

El amor se viste de exceso y pasión,
de sudor compartido, de un grito en canción.
“Quiero un hombre que desarme mi ser,
que me haga temblar hasta el amanecer”.

Y el varón responde, torpe y desnudo,
buscando en su tacto ser más que escudo.
Ya no basta con ser fuerte o galante,
debe ser fuego, un amante vibrante.

Es la era del cuerpo, de los cinco sentidos,
del amor que no teme a los destinos prohibidos.
Porque ahora la meta es más sensorial,
y el orgasmo se torna un pacto ritual.

¿Dónde queda el romance, el susurro pausado?
Se mezcla en el grito, en lo descontrolado.
Pues hoy amar es sentir hasta el último alarido,
y en ese gemido se halla lo infinito.

Hubo un tiempo donde el lazo era jaula social,
un vínculo marcado por lo material.
Luego el romanticismo, con su revolución,
y el amor mutó en pasión y confusión.

Pero hoy, las heroínas no son de ópera o altar,
hoy te dicen sin ficción: “Quiero vibrar”.
Ya no basta un vínculo sólido y estable,
el deseo clama un éxtasis insaciable.

La pareja ya no es solo refugio emocional,
es un campo de batalla, un fuego carnal.
Entre caricias que claman ser únicas, intensas,
la piel exige más de lo que el alma dispensa.

No solo amor, no solo ternura,
sino orgasmos que rompan toda armadura.
El hombre también se rinde a esta ley,
ser amante vibrante, fuego que rey.

Hoy se persiguen emociones que inunden la piel,
placeres tan vivos que desafían la ley.
¿Dónde queda el viejo sentir profundo?
Quizás oculto, se mezcla en este nuevo mundo.

Porque amar ahora es desbordar los sentidos,
y en esa búsqueda, se tejen nuevos mitos.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta