En el consuelo de mi soledad
imagino —como quien enciende una tea en la niebla—
que acaso, por unos instantes mínimos,
mi nombre ande tus sinapsis.
Como la caricia prima que roza la penumbra,
como un destello tibio,
como esa luz leve que antecede al alba
y aún no tiene nombre.
Creo, quiero creer,
que es para bien.
Que en ese nanosegundo diminuto
nada, ni el tiempo ni el olvido,
se atreverán a interponerse.
Será entonces la maravilla de la oscuridad,
fusión callada de dos almas que se saben
sin necesidad de exigirse.
Y si es luz —si realmente es luz—,
no será la que ciega,
será la que guía,
como un beso oportuno,
como un abrazo en infinito,
como el milagro del instante irrepetible
que se guarda en la hondura del secreto.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta





























