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Entrevista con el Dr. Miguel Peraza

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Enrique Canchola: Doctor Peraza, felicidades por el Doctorado Honoris Causa. En su discurso mencionó que la escultura cuántica es un “puente”. Para el neófito, ¿cómo se traduce un concepto tan abstracto como la mecánica cuántica en una pieza de bronce o acero que podemos tocar?

Miguel Peraza: Muchas gracias. Mira, la escultura tradicional suele ser una celebración de la masa, de lo sólido, de lo que “está ahí” de forma imperturbable. Pero la física cuántica nos dice que la materia es, en su mayoría, espacio vacío y energía en vibración. Mi trabajo busca que el espectador no vea solo el metal, sino el vacío que lo rodea y lo atraviesa. Uso la geometría no como una cárcel para la forma, sino como un mapa de probabilidades. Una escultura cuántica no es un objeto estático; es un evento que sucede cuando la luz y el ángulo del observador coinciden.

EC: Usted cita frecuentemente a Heidegger. Él hablaba de la “pregunta por la técnica”. ¿Teme que la tecnología termine por devorar el alma del artista?

M.P.: Heidegger nos advertía que la técnica puede convertir al mundo en una “reserva de energía” lista para ser explotada, perdiendo el misterio. Mi enfoque es inverso: utilizo la precisión técnica para devolverle el misterio al objeto. La escultura cuántica es una rebelión contra la producción en serie. Es usar la razón para llegar a lo que la razón no puede explicar. Como decía en la Universidad Simón Bolívar, se trata de “desocultar” el ser que habita en el material.

EC: Se le conoce como el “Escultor de las Universidades”. ¿Por qué elegir los campus académicos como su principal escenario?

M.P.: Porque la universidad es el último refugio del pensamiento crítico. Colocar una obra en una facultad de ciencias o de derecho no es solo “adornar”. Es proponer una pausa. El estudiante que pasa frente a la escultura se ve obligado a confrontar una forma que no es obvia, que requiere ser interpretada. La universidad y el arte comparten un ADN: ambos son procesos de búsqueda constante, nunca de llegada definitiva.

EC: En términos técnicos, ¿qué desafíos presenta trabajar con la idea de la “superposición” en el arte físico?

M.P.: Es el reto de la multidimensionalidad. En el dibujo es fácil sugerir dimensiones, pero en la escultura el material es terco, obedece a la gravedad de Newton. Mi labor es desafiar a esa gravedad. Uso cortes, transparencias y tensiones que sugieren que la pieza podría estar en dos estados a la vez. Es un juego de equilibrio donde el peso desaparece visualmente.

EC: Tras recibir este Honoris Causa, ¿hacia dónde se dirige el cincel de Miguel Peraza?

M.P.: Hacia el silencio. Heidegger decía que el lenguaje es la casa del ser, pero el arte es su silencio elocuente. Seguiré explorando cómo el arte puede ayudar a la ciencia a “sentir” sus propios descubrimientos.
Mi meta es que, al ver una de mis obras, alguien pueda comprender la incertidumbre de Heisenberg no como una fórmula, sino como una emoción.

28 de febrero de 2026