Después de juntar las piezas,
todo cambió.
No hay vuelta atrás,
como si los fractales, una vez fusionados,
se hubieran transformado en el silencio del universo.
Subo la montaña,
el cuerpo queda atrás,
y la estrella que despierta
fractura el molde
de lo que creíamos inmutable.
Vivimos en metáforas,
viajando entre latidos de frecuencia,
paralelas que se buscan en la oscuridad.
Nos empeñamos en atrapar el infinito
con manos mortales.
¿Qué soy yo en medio de este caos?
Un ser que apenas comprende
su reflejo en las aguas del tiempo.
Un destello frágil
que se pierde entre las sombras del ahora.
El pasado me retiene,
el futuro me tienta,
pero es el presente
quien me sujeta con grilletes invisibles,
tejidos en el vacío de la virtualidad.
Yo soy yo,
una identidad que busca su razón,
que se mira en el espejo del todo
y en principio encuentra la sombra
de lo que en realidad es.

































