Por Enrique Canchola Martínez. Ciudad de México, México. Recitado en la Jornada Mundial de la Paz. 3 de julio de 2025, Comisión Internacional Especializada en Literatura, Arte y Cultura (CIELAC).
Ahí donde hay paz, la semilla del amor
germina con alegría, nada perturba su fragancia.
Donde hay paz la voz de la guerra no se escucha,
el mundo gira con la luz donde no hay ira
y solo reina la quietud más honda y pura.
Ahí donde hay paz el cielo despliega su manto,
la semilla del amor florece sin quebranto,
tejiendo en el silencio su voz segura.
No hay eco de discordia que la hiera,
solo el susurro suave que la espera.
En la quietud el mundo halla su centro,
donde la guerra calla y no hay lamento.
La luz se alza, clara, sin cadena,
y el corazón respira en la escena.
No hay ira que turbe la marea,
solo paz que al alma se recrea.
Con la paz el viento lleva ecos de armonía,
un canto que en el pecho se deslía.
Cada latido encuentra su sendero,
en la calma que abraza al mundo entero.
En la paz la semilla del amor, en su danza,
germina en la tierra de la esperanza.
No hay sombra que resista su destello,
ni furia que opaque su destello.
La paz, como un río, fluye serena,
y en su corriente el alma se encadena.
El odio se disuelve, pierde fuerza,
ante la luz que la paz refuerza.
En la guerra, el mundo se refleja,
un espejo de calma que se deja.
Cada estrella en el cielo es un latido,
un sueño de paz que nunca ha partido.
Donde la paz reposa, todo canta,
el alma se eleva, libre y santa.
No hay grito que rompa su estructura,
ni herida que empañe su pintura.
En la honda quietud, el ser se encuentra,
y el amor, en su paz, siempre se adentra.
Así, en la calma, el mundo se renueva,
la paz es el hogar donde el amor se eleva.
Oremos por la paz del mundo duradera.
Cantemos estrofas de alegría por la paz,
que ahuyentan dolores y quebrantos.
Hagamos que la semilla de la paz,
en el mundo siempre crezca.
Pidamos por la paz hoy y siempre
para que su vida permanezca.
Enrique Canchola





























