La bala abre un surco en el aire,
igual que el amanecer desgarra la bruma,
como la verdad desnuda la mentira.
Cada átomo se aferra a su forma,
cada nudo ata su destino
en la cofradía ardiente de las huestes,
polos que luchan en su mutua condena,
combatientes sin armas
ante preguntas inocentes
y respuestas estériles.
En el tramo recorrido,
velocidad y distancia
se desmoronan como fórmulas rotas.
La física se deshace en migajas,
cae ante el peso de lo incierto,
y la expectativa abre paso a nuevas dudas:
¿Quién puede negar la desnudez evidente,
si la pobreza es manto común?
A paso lento,
entre la desesperación y la certeza,
el nuevo desorden,
complacencia tímida y reciente.
Mil lenguas habitan en una boca,
el metal cede al fuego,
y un misil de plata
busca el pecho del hijo de la luna.
Bebe el instante sin prisa,
el tiempo no es nadie.
En este laberinto de espejos doblados,
en una mente que no corre,
en el ser que ha tocado la dicha,
un sol de mediodía
rompe la madrugada espesa de la vida.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta
































