Abrí las puertas del pecho
como quien alza la tienda en medio del alba,
voces incendiaban la noche
y el aire sabía a hogaza recién horneada.
Sobre la invisible mesa redonda
dejamos afuera credos y teorías;
con la mente-corazón desnuda
nos asumimos puente, latido a latido,
mientras las danzas antiguas alzaban su relámpago
en medio de la pradera imaginaria.
Escuché el latido de los girasoles,
su resistencia de barrio herido,
y la poesía en rebeldía
como sal que cierra las llagas,
en cada sílaba, otro hilo se añadió al tejido.
Comprendí sin más:
el fuego que arde entre todos
no necesita más leña que el gesto compartido;
su lumbre seguirá prendida
cuando las murallas del egoísmo se derrumben
bajo la lluvia suave del nosotros.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta





























