Con los ojos cerrados
te entregas al agua.
Te arrojas sin peso,
te abandonas a la certeza,
al pulso de las corrientes invisibles.
Te sumerges sin miedo,
desnuda de tiempo y de palabras,
en ese silencio profundo
que solo el fondo conoce.
Desciendes,
te deshaces,
te fundes con el latido oculto
del río que te habla.
En la penumbra líquida,
cada roce es memoria:
lo que fuiste, lo que vendrá,
y en el instante suspendido,
tu cuerpo es una plegaria muda
que invoca al cielo,
pidiendo que arda,
que se encienda la chispa guardada
en la raíz de tu piel.
Un sollozo de fuego se desprende,
como ceniza en el viento,
y la tibieza te abraza,
te transforma.
Todo se consume.
Te entregas,
y al soltarte,
el éxtasis irrumpe:
la luz nace de tu propia llama.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta






























