Mientras el mundo llora
y sus heridas sangran,
por balas que cavan tumbas sin razón,
donde el poder y el oro ciegan el alma,
me detengo, dejando atrás la bruma.
Todos partiremos sin carga alguna,
nada nos llevaremos,
ni riqueza ni orgullo,
ni las sombras que el poder ha dejado
como arena dispersa en el viento.
Somos tan frágiles,
y al final solo quedará aquello que hemos amado,
los abrazos y las sonrisas en el viento.
Hoy escribo al amor,
no a la devoción de un rostro,
con figura de mujer o musa,
sino al amor de vivir,
de sentir, de dar;
un beso, una caricia,
una sonrisa sincera que llene el alma.
Sin necesidad de altar,
un simple gesto que encienda el gozo,
el placer de ver rostros brillar
en su dicha,
de sentir el trabajo como abrazo cumplido,
la satisfacción de un deber sin medida,
donde el triunfo es compartir lo vivido,
el apapacho al ego del ser humano querido.
Gracias, Gran Señor,
por un día más de este viaje,
por hacerlo ligero,
por permitirme respirar y seguir construyendo,
por hacer del bien mi homenaje diario,
y cerrar cada jornada
con la certeza de que estoy bien y de buenas… sonriendo.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta































