Por: Abel Pérez Rojas
La noche llega
y el cuerpo descansa del intenso trajín;
cerca de la medianoche
el recuento es inevitable:
todo desfila,
paso a paso frente al segundero
que dejó ir cada tictac.
Cierro mis ojos
y te veo,
¿cómo evitar no verte
si todo el día estuviste a mi lado?
tu rostro detallado
en mi memoria pálida
te reproduce frente a frente,
como huella de lo vivido
y lo que aún palpita.
Nuestras pestañas se rozan,
se acarician mientras los iris se acoplan;
en esa mínima fracción del tiempo
somos espejo y reflejo,
suspiro y mirada,
frontera disuelta
en el pulso compartido.
Soy el observador
que da los primeros pasos
tomando las riendas de su rumbo;
es la conciliación que no evado
pese a las turbulencias diarias,
es la claridad que asoma
en medio de la marea.
Así comprendo
que cada noche es umbral,
que el cuerpo descansa
mientras la conciencia despierta;
en el silencio se abre
la grieta luminosa
por donde atraviesa
el verdadero rostro de mi ser.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta































