Miro al cielo,
donde la vastedad me silencia,
soy grano de arena en la inmensidad,
una chispa diminuta en el océano del tiempo,
siento el latir del universo en mi pecho,
como si todo me devorara, paciente, eterno.
Recorro el sistema digestivo de lo infinito,
me disuelvo en el engranaje de la vida,
pero al borde de la nada, resucito,
resuelto a encontrarme en la amplitud,
tomo el valor del prana que alimenta,
la fuerza vital que todo lo sostiene.
Acepto mi micro existencia,
esta coreografía fugaz entre lo eterno,
me asumo, aurea presencia que brilla,
pequeño faro en la penumbra del cosmos,
maravilla entre maravillas,
una nota breve en la sinfonía celeste.
Ruego a los astros su magnanimidad,
que el firmamento no olvide mi plegaria,
me ofrezco en la entereza de mi ser,
frágil, desnudo ante el devenir,
susurro a los siglos mi paso breve,
una resonancia en la eternidad que no se apaga.
Entre las maravillas de la vida,
hallé mi lugar en la imponencia,
sin grandeza ni poder que asombre,
pero con la certeza de ser,
parte indivisible del todo,
el alfa y el omega en mi interior.
Y así, miro al cielo una vez más,
con ojos que ven más allá de lo visible,
me sé pequeño, pero no insignificante,
soy la gota que sostiene al océano,
la chispa que enciende la hoguera,
la infinitud contenida en mi alma.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta





























