Te llamo, mi niña,
pero podría nombrarte
María, Juana, Lupe, Sonia…
también podría decirte
tía, abuela, madre…
pero no,
prefiero mi niña,
es una muestra de osadía,
un atrevimiento tal vez
nacido de la ignorancia
y de la cercanía.
Te pruebo,
te pienso,
me siento.
Cierro los ojos,
respiro —profundo,
y mucho—
me conecto;
las palabras sobran.
Mi niña amada,
mi niña querida,
mi casa,
mi yo expandido,
inmanencia,
arena cósmica,
raíces,
hilo de plata,
terminal,
derivada en el presente.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta






























