Por Salvador Calva Morales
No somos amantes, no.
Somos dos bestias hambrientas al acecho,
cuando el deseo brota como un río indomable,
cuando mis manos buscan tu carne temblorosa
y tu boca ansiosa se desliza por mi pecho,
jugando a encenderme hasta perder el control.
No somos amigos con derechos,
porque aquí no hay derechos,
solo deberes de placer:
el deber de arrancarte los suspiros,
de invadir tu humedad con mi lengua atrevida,
de clavarme en lo más hondo de tu abismo
hasta oírte gemir mi nombre
como un rezo profundo y profano.
No somos novios, jamás.
Los novios se escriben versos dulces,
nosotros los sudamos en cada embestida ardiente.
Tú cabalgas mi deseo,
me montas sin pudor,
yo muerdo tu cuello mientras tiemblas de gozo
y el cuarto huele a sexo, a gemidos, a pecado.
Somos momentos robados,
donde el tiempo se diluye entre tus piernas abiertas,
donde mi lengua dibuja círculos en tu centro ardiente,
donde tus uñas desgarran mi espalda al venirte
y nuestros cuerpos chocan en un vaivén sin tregua
hasta que el sudor empape las sábanas de lujuria.
Somos el deseo crudo,
la locura de dos cuerpos desbordados:
tu piel contra la mía, tu aliento en mi oído,
tu humedad bañando mi hombría erecta,
yo entrando en ti, profundo, lento, brutal,
hasta que el orgasmo nos sacuda como un terremoto.
Eso somos…
dos almas que se buscan para romperse de placer,
sin promesas, sin futuro, sin palabras tiernas,
solo tú y yo en la oscuridad de un cuarto cómplice,
jugando al límite del deseo,
al borde del abismo,
mordiéndonos la vida mientras dure el incendio.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























