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Interpretación del poema El junco o el príncipe, de Olivia Sesma Rascón

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Por: BrendaCarol Morales

En la introducción de la VII Antología Internacional de Poesía Sabersinfin se dice: «Cada poeta escribe guiado por una brújula íntima: una sensibilidad que señala direcciones invisibles dentro de la experiencia humana. Esa brújula permite explorar territorios que aún no han sido completamente nombrados». Nos hace ver que la poesía es un acto de exploración profunda en busca de lo inefable en el espacio de la experiencia humana.

Cada escritor, desde su perspectiva, sensibilidad e historia personal se atreve a adentrarse en la incertidumbre y sondear las emociones complejas, los vacíos existenciales, las dudas, los matices del alma humana para, por medio de metáforas, ritmo, imágenes, nombrar, dar forma y sentido a todo aquello que los demás sienten, pero no pueden manifestar.

La historia personal de un escritor incluye, entre otros, las relaciones y redes de apoyo con otros intelectuales, familia, amigos, amores que influencian su obra, así como su formación y educación y en gran medida, las lecturas que ha hecho. Las experiencias de vida se conectan con sus experiencias como lectores. Cada libro o texto que leen es resignificado porque, más que otros, un escritor es capaz de crear nuevas capas de significado. Así, cada poema de la antología constituye una nueva resignificación de experiencias, símbolos y lecturas previas, aun cuando los temas parezcan repetirse. El poema que traigo ahora es una muestra de cómo dialoga la sensibilidad de la autora con otros textos y con una temática que, más de amor, habla de la construcción de la identidad y de la necesidad de preservar el propio vuelo frente a los vínculos que amenazan con inmovilizarla.

De la autora, Oliva Sesma Rascón

Oliva Sesma Rascón nació en México. Es psicóloga. Sin embargo, también se ha dedicado a la docencia, a la promotoría cultural y a la lectura. Inició su trayectoria literaria publicando en periódicos y editando libros artesanales en la Casa de Cultura. Ha participado en múltiples antologías nacionales e internacionales. Forma parte del panel de #Lunesdepoesíalunar y es parte del equipo editorial de Filigramma, la revista del Círculo de Escritores Sabersinfin.

El junco o el príncipe

Por: Olivia Sesma Rascón

Le dije adiós a un junco y fui feliz…
como golondrina emprendí el vuelo hacia el Este
y me encontré con un príncipe (in)feliz.
Me pidió que no me fuera y truncó mi vuelo,
y cada día me envolvió con peticiones y proyectos:
«Golondrina, golondrinita mía…
ayúdame a hacer el bien repartiendo saberes».

Filosofó y quiso una rosa roja;
me clavó una espina como al ruiseñor.
Poeta al fin, enturbió sus propias aguas
para sumergirse en ellas.
Este príncipe se volvió junco
y, un sábado, en otro puerto,
confundió el pantano con un mar.

Me pidió cantar hasta que se me fuera el alma.
Absurdo es morir a los pies de un príncipe,
y es absurdo el amor no correspondido…,
porque se pisotea la rosa teñida con la sangre
en el fango, junto al junco, y no el príncipe.
Es la hora de emprender el vuelo
antes de que llegue el invierno…

Análisis del poema El junco o el príncipe

Desde un principio, el poema parece hacer alusión a los cuentos El príncipe y El ruiseñor y la rosa de Oscar Wilde. En ese posible diálogo intertextual, la autora estaría apropiándose de estos referentes para producir una experiencia personal.

El poema tiene una dimensión narrativa y está conformado por tres estrofas que, como se notará más adelante, cada una representa un movimiento claro en la historia que se cuenta. Los versos son libres, lo cual favorece el tono reflexivo. El ritmo surge a partir de la repetición de símbolos, las pausas que marcan los puntos suspensivos, la alternancia entre narración y diálogo.

La voz lírica habla en primera persona, con lo cual pareciera estar confesando su propia historia. La intimidad que se genera no limita para que la experiencia adquiera un valor universal.

Interpretación del poema El junco o el príncipe

Esta primera estrofa nos habla de una separación: la golondrina se aleja del junco. Hay dos metáforas: la voz lírica se representa en una golondrina, ave que simboliza al alma libre, la esperanza; esta ave siempre parte cuando llega el invierno; por otro lado, los juncos. Aunque en diversas tradiciones poseen un simbolismo asociado a la flexibilidad y la resistencia, en este poema parecen adquirir un sentido distinto: el de aquello que permanece atrapado en un espacio estancado e impide el vuelo de la golondrina. En estos primeros versos, se crea una imagen muy poderosa. La golondrina deja al junco porque no puede quedarse inmóvil y se siente feliz de poder separarse.

Se va. Sin embargo, se topa con un príncipe que le pide quedarse. Carl Jung sugería que, cuando una persona no ha cambiado en sí misma los contenidos inconscientes no resueltos, repite los mismos patrones. Así, la golondrina seguramente se dejó engañar por el prestigio simbólico de «príncipe». Además, se condolió de ese príncipe que muestra una personalidad escindida porque es a la vez feliz e infeliz. Como se puede ver, el conflicto del poema no es solo amoroso. Amar no debería implicar renunciar al propio destino, pero, el patrón se repetirá si antes no sanamos nosotros mismos.

El príncipe, al igual que el junco, la retiene y trunca su vuelo, es decir, sus aspiraciones y su realización personal. El príncipe la enredó en sus propias necesidades. Él termina ejerciendo un dominio afectivo que, aunque revestido de ternura y de proyectos nobles, limita la libertad de la golondrina. La fue absorbiendo con peticiones aparentemente nobles como podría ser «repartir saberes». La identidad propia quedó subordinada a los deseos ajenos. Aquí hay que hacer ver que no se está criticando los actos de generosidad. Lo que señala es el peligro que se corre cuando se supedita la propia vida y los propios sueños debido a las exigencias de otro, aunque estas parezcan nobles.

Construcción de la identidad

En la segunda estrofa, hay una alusión más precisa al cuento de Wilde. En El ruiseñor y la rosa, el ruiseñor se sacrifica clavándose en las espinas de un rosal para que pueda surgir una rosa roja que serviría como garantía de unión entre un estudiante y su enamorada.

Puede interpretarse que el príncipe ocupa un lugar semejante al de la joven en El ruiseñor y la rosa. Exige una rosa roja cuyo costo termina recayendo sobre quien ama. Es decir, sus demandas se han vuelto cada vez más irracionales. Lastiman a la «golondrina». Resulta curioso que el príncipe se devela como un poeta. Y que esa condición sea la que lo lleve a «enturbiar» sus propias aguas. Normalmente se piensa que el poeta ilumina la realidad. Aquí ocurre lo contrario: la oscurece para habitar esa oscuridad. Sugiere una situación emocional que impide ver y pensar con claridad. Esto lo lleva incluso a hundirse en sus mismas ideas y pensamientos.

También podría interpretarse como una crítica a cierta actitud intelectual que convierte la introspección en un encierro y la sensibilidad en autocomplacencia. Lo que sí queda claro es que no es el mundo el que ensucia el agua sino él mismo la contamina y se hunde en ella.

Allí se da cuenta que el príncipe se volvió junco. Desde una perspectiva inspirada en la psicología analítica, podría leerse esta repetición como un patrón vincular inconsciente, aunque el poema también admite otras interpretaciones. No es de extrañar que, bajo la fachada de alguien totalmente distinto (junco – príncipe), al final se parezcan.

En los dos últimos versos de la estrofa se evidencia que el príncipe se convirtió en junco porque perdió la capacidad de distinguir entre una vida plena y una existencia atrapada en el lodo de sus propias limitaciones. No importa el origen de la persona ni lo que pueda representar en apariencia. El mar suele simbolizar libertad e infinito en tanto que el pantano, inmovilidad y estancamiento. El príncipe no solo inmoviliza a la golondrina; él mismo se convierte en aquello que representaba el junco.

Su intento de poseer termina por inmovilizarlo también. Es una lectura muy sugerente. También cabe la posibilidad de que siempre haya sido un junco y que la voz lírica solo lo reconociera al desprenderse de la idealización que implicaba verlo como príncipe. Como sea, se dio el encuentro y la desilusión.

Discernimiento frente a las relaciones que limitan la libertad

En la tercera estrofa, ha avanzado al reconocimiento de quién es el otro. Admite que la exigencia ha ido creciendo hasta un punto insostenible porque daña. En ese momento, ya no se trata de peticiones hechas con dulzura y la venda parece ir cayendo. De manera que en los siguientes versos hace ver que sostener una relación que implique morir para que otro esté satisfecho es irracional. El sacrificio unilateral no tiene sentido. Carece de lógica una tradición que glorifica la entrega absoluta.

La imagen de la rosa pisoteada es muy dura. Muchas veces permanecer con alguien en aras de un amor no correspondido significa pagar hasta con la vida misma. Cuando el amor no es bilateral, implica una situación de desigualdad en la que la dignidad de quien ama se ve lastimada una y otra vez. Por ello, se menciona el fango. Una persona que es constantemente humillada por quien ama, siente que su vida se ha degradado no por un príncipe, sino por el junco, el estático, el que no sale de su error jamás.

Para ese momento, la desilusión y la revelación de quién era el príncipe en verdad, lleva a tomar una decisión: es hora de cambiar de rumbo antes de que llegue el invierno, lo cual puede referirse a la vejez, la muerte afectiva o el agotamiento espiritual.

Conclusión

El poema trata el tránsito desde la idealización hacia el discernimiento. Considero que el poema habla de que la idealización del otro puede impedirnos reconocer que hemos cambiado de escenario, pero no de dinámica relacional. Quizá la mayor enseñanza del poema sea que el discernimiento no consiste únicamente en reconocer quién es el otro, sino también en recuperar la capacidad de reconocerse a uno mismo. Otro aprendizaje es entender que no se puede cambiar la naturaleza del otro ni rescatarlo y que es mejor y necesario asumir el momento de migrar. Solo entonces la golondrina vuelve a saber que nació para migrar y no para permanecer inmóvil junto al junco, por muy principesco que este parezca.

BrendaCarol Morales. Guatemalteca. Licenciada en la Enseñanza del Idioma Español y Literatura y una maestría en Formación Docente; exbecaria de la RAE. Trabaja como curriculista en el Ministerio de Educación y catedrática en Efpem, (Universidad de San Carlos). Miembro de PEN Guatemala. Fue redactora y editora de la revista Tinamit. Ha publicado en periódicos, revistas y diversas antologías. Sus libros: Vagabunda de la noche (poesía) y Soy una chica muy mala (cuentos). Actualmente, integrante del panel de Poesía lunar y redactora para SabersinFin.