Por Enrique Canchola Martínez. Universidad Autónoma Metropolitana. Ciudad de México, México.
La conciencia es uno de los mayores y más complejos enigmas, que han intrigado a los científicos, filósofos y neurocientíficos a lo largo de la historia. Este ensayo explora cómo tres campos distintos: la termodinámica, la filosofía y las neurociencias, han contribuido al entendimiento de la conciencia y destacando a algunos de los principales impulsores en cada área.
La Conciencia desde la Termodinámica
La termodinámica, la ciencia que estudia la energía y sus transformaciones, ha ofrecido una perspectiva muy interesante sobre la conciencia, especialmente a través de la teoría de sistemas complejos y la termodinámica del no equilibrio. Uno de los mayores impulsores en este campo es Ilya Prigogine (1917-2003), un químico y físico belga, que en 1977 fue galardonado con el Premio Nobel de Química, es conocido por su trabajo en estructuras disipativas y procesos de autoorganización. Prigogine, sugiere que la conciencia podría ser vista como un fenómeno emergente en sistemas altamente complejos, donde la energía fluye y se disipa de manera no lineal, creando estructuras ordenadas a partir del caos. plantea que el mundo no es previsible y determinado, sino que tiene aspectos caóticos. En relación a estos conceptos se ha propuesto, que la conciencia es un flujo energético mental, continuo e intencional.
Desde la perspectiva de la termodinámica, la conciencia podría ser entendida como un proceso dinámico que emerge en el cerebro, un sistema abierto que intercambia energía con su entorno. Por otra parte, la capacidad de autoorganización del cerebro, permite la emergencia de la conciencia, aunque este enfoque aún enfrenta desafíos significativos en términos de medición y comprensión precisa.
La Conciencia en la Filosofía
La filosofía ha sido históricamente una de las principales disciplinas en el estudio de la conciencia, explorando su naturaleza, origen y significado. Uno de los filósofos más influyentes en este campo es René Descartes, (1596-1650), conocido por su famosa frase “Cognito, ergo sum” (“Pienso, luego existo”). Descartes abordó la dualidad entre mente y cuerpo, sugiriendo que la conciencia es una entidad separada del cuerpo físico. Sin embargo, su frase: “Estoy seguro al menos de que existo y de que existo como algo que piensa. Esto que soy no es el cuerpo, sino una sustancia cuya esencia consiste en pensar”, podría presentar un dilema filosófico muy discutible sobre la separación cuerpo-mente-conciencia.
Sin embargo, en la filosofía contemporánea, el enfoque se ha desplazado hacia el fisicalismo y el materialismo, que sostienen que la conciencia surge de procesos físicos en el cerebro. Daniel Dennett (1942-2024), un filósofo y científico cognitivo estadounidense, ha sido un destacado proponente de esta visión. En su obra “La conciencia explicada” (1991), Dennett argumenta que la conciencia no es una entidad singular, sino un conjunto de procesos y fenómenos que emergen del funcionamiento del cerebro. Según Dennett, la conciencia es una ilusión generada por el cerebro, una narrativa continua que el cerebro crea para integrar y dar sentido a la información sensorial y a las experiencias. Por sus ideas ateístas Dennett, es considerado uno de los cuatro jinetes del nuevo apocalipsis ateico, junto con Richard Dawkins, Sam Harris y Christopher Hitchens. Quienes por cierto fueron criticado por Mario Bunge y considerados difusores de la pseudociencia por sus ideas pro Darwinistas.
La Conciencia desde las Neurociencias
Desde las neurociencias, el estudio de la conciencia, ha sido abordado utilizando técnicas de neuroimagen y modelos computacionales propuestos por Steven Pinker (1954-) para investigar cómo el cerebro genera experiencias conscientes. Uno de los mayores impulsores en este campo es Christof Koch (1956-) un neurocientífico conocido por su trabajo junto con Francis Crick, 1916-2004) co-descubridor con James Watson (1928-) de la estructura del ADN y ganadores del Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1962. Koch y Crick propusieron que la conciencia podría ser entendida estudiando los correlatos neuronales de la conciencia, que son los patrones específicos de actividad cerebral asociados con experiencias conscientes.
Según esta perspectiva, la conciencia surge de la evolución y actividad de redes neuronales específicas en el cerebro, especialmente en áreas de la corteza prefrontal y las regiones parietales y temporales (S. Pinker, E. O. Wilson, L. Cosmides, J. Tooby). Las neurociencias también han explorado el papel de la sincronización neuronal y la conectividad funcional en la generación de la conciencia. Giulio Tononi (1960-), otro neurocientífico destacado, desarrolló la teoría de la información integrada (IIT), que sugiere que la conciencia corresponde a la capacidad del sistema cerebral para integrar información de manera global y coherente.
Perspectivas integradas
Aunque cada disciplina ofrece una perspectiva distinta, hay un creciente reconocimiento de la necesidad de un enfoque interdisciplinario para comprender la conciencia. La termodinámica aporta una visión sobre los procesos energéticos y la autoorganización, la filosofía proporciona marcos conceptuales y preguntas fundamentales, y las neurociencias ofrecen datos empíricos y modelos mecanicistas.
Una comprensión completa de la conciencia probablemente requiera la integración de estas perspectivas. Los avances en la tecnología, como la neuroimagen avanzada y la inteligencia artificial, también jugarán un papel crucial en desentrañar los misterios de la conciencia, permitiendo una mayor comprensión de cómo los procesos físicos en el cerebro dan lugar a la experiencia subjetiva.
Finalmente, sin lugar a dudas, el estudio de la conciencia sigue siendo uno de los mayores desafíos intelectuales. A través de la termodinámica, la filosofía y las neurociencias, se han logrado avances significativos, pero aún queda mucho por descubrir. La colaboración interdisciplinaria y el desarrollo de nuevas tecnologías nos acercarán cada vez más a desentrañar uno de los misterios más profundos de la existencia humana.
Enrique Canchola Martínez
Universidad Autónoma Metropolitana
Facultad de Medicina UNAM.
Ciudad de México, México.






























