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La contracultura como fuerza política

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Imagen del autor Amine M'siouri en PEXELS

– La Historia Jamás Contada –

PRESENTACIÓN

Buscando una hoja con las recetas de mis cocteles favoritos de hará veinte años o más, y que recuerdo haber visto no hace mucho, he dado en cambio con algunos textos de esa época y más acá. Algunos análisis, (micro)ensayos y correspondencia.

Entre ellos encontré uno de hace diez años, que viene como anillo al dedo a lo que sucede hoy tras las recientes elecciones, donde a la usanza del más rancio -y, por lo mismo, maloliente- priísmo, el “nuevo” (?) Partido-T, el de la 4-ídem, cree haber acaparado el control de la marcha y destino del País

Lo mismo han creído siempre los encumbrados en el Poder, olvidando que todo está en perpetuo movimiento, incluidos no sólo los individuos sino las sociedades y aún las naciones, por mitificadas que estén. De ahí la alegoría de la RUEDA DE LA FORTUNA, que les recuerda que ahora pueden estar arriba, pero al girar fatalmente al Rueda, en algún momento estarán también abajo. Filosofía sencilla, aparentemente ingenua, pero que encierra una gran enseñanza.

Por eso no está de más, amables lectores, sugerirles a quienes ahora se sienten en “los cuernos de la Luna”, escuchar, reflexionar y -¿por qué no?- disfrutar también de la primera -y última- estrofa, “Fortuna Imperatrix Mundi”, de la Cantata profana CARMINA BURANA, de Carl Orff.

ARTÍCULO

Al conmemorarse esta semana un aniversario más -el 43- del ataque de los Halcones, grupo paramilitar creado, financiado, entrenado y encubierto por el Gobierno no sólo de la Ciudad de México (CDMX) sino también Federal -aunque el “sacrificado” fuera finalmente el Jefe del Departamento, Alfonso (“Halconso”) Martínez Domínguez, sólo para resarcirlo después con la Gubernatura de Nuevo León-, periodistas y analistas políticos han especulado sobre una relación entre ese hecho sangriento y otro que no lo fue, ocurrido exactamente tres meses después en Avándaro, Estado de México: el FESTIVAL DE ROCK Y RUEDAS, al que se calcula asistieron unas 250 mil personas, jóvenes en su inmensa mayoría. Personalmente afirmo que SÍ había una relación, pero histórica.

Tan sólo por su número y tener un interés común, ya se trataba de una innegable fuerza política, pero debajo había mucho más de lo que alcanzaban a percibir organizadores, asistentes y hasta detractores -los indignados morales de siempre-, no todos derechistas: nada menos que otra manera no sólo de ver o entender el Mundo, sino de vivir y actuar en él, lo que el sociólogo Theodore Roszak llamó una CONTRACULTURA. Y había sucedido en México, en la clase media, tan vilipendiada por los “intelectuales de izquierda”, que aún esperaban un Mesías obrero o campesino, pero también muchos de los que participaron en el malogrado Movimiento de tres años atrás.

Porque controlados eficazmente los trabajadores de la ciudad y el campo por el Partido-aparato de Estado, la oposición floreció entre la clase media no encuadrada laboralmente, pero además inmune al influjo del aparato ideológico, sobre todo los medios de masas (prensa, cine, radio y televisión). La constituían básicamente hijos de trabajadores -incluyendo del Estado o burócratas– con acceso a la Educación superior y trabajadores independientes que hasta cierto punto lo eran también en su modo de pensar. (En 1975, un radiotécnico nos dijo conversando: “Yo por eso me traje mis cassettes (mostrándonos uno), para no tener que oír el Informe (presidencial) de mañana”. Después de todo, cada quien tiene su manera de resistirse al adoctrinamiento.

En una dualidad que sería típica desde entonces, una parte de esa oposición optó por la Política, participando en manifestaciones de protesta como marchas y mítines o tratando de organizar a minorías marginadas u oprimidas, para eventualmente terminar enganchándose en el juego electoral, mientras la otra simplemente se negó a jugar con las reglas del Sistema, decidiendo desde adoptar formas no convencionales o “aceptadas” de vestir y comportarse, hasta no acatar más los rituales tenidos por “patrióticos” o “cívicos”, reforzadores de la ideología, como IR A VOTAR.

Por paradójico que parezca, la Contracultura, a diferencia de la “mayoría silenciosa” -sometida, resignada… y amargada-, ha sido una fuerza política activa que ha socavado lenta pero inexorablemente el rígido sistema de convencionalismos y costumbres que sostiene al Poder formal, llegando a revolucionar la VIDA COTIDIANA, que no es poca cosa.

En cuanto a Avándaro y cualquiera haya sido el motivo, lo sucedido provocó el veto gubernamental de manifestaciones contraculturales masivas, que sólo se reanudaron en 1981, irónicamente en Monterrey y Puebla, con la presentación del grupo británico QUEEN, cuando esta última Ciudad ya vivía su propia ÉPOCA VICTORIANA (por el nombre de su Presidente municipal).

¿Cómo ven todo esto, estimados lectores?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.