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La metafísica de la discriminación sexual

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Imagen del autor Geralt en PIXABAY

– La Historia Jamás Contada –

Hace un par de semanas, revisando mi archivo sobre DIVERSIDAD SEXUAL para un artículo sobre el Día Internacional de la Visibilidad Trans, encontré un comunicado del 29 de julio de 2016 de la Secretaría de Salud federal sobre la conferencia de prensa en que se dieron a conocer las conclusiones de un estudio de campo realizado por el Instituto Nacional de Psiquiatría en colaboración con la Clínica Especializada “Condesa” y la Universidad Nacional Autónoma de México.

Literalmente, “proporcionaba evidencia científica de que el TRANSGÉNERO es una condición y NO una enfermedad mental -como todavía entonces aparecía en la Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD, por sus siglas en inglés) de la Organización Mundial de la Salud y que el stress causado por el rechazo social y la violencia, junto a la disfuncionalidad experimentada por estas personas, que las llevan en muchas ocasiones a sufrir un desorden mental, son resultado de la estigmatización y el abuso que enfrentan en las diferentes esferas sociales”.

Se resaltó también que México era el primer país que realizaba este tipo de estudio, que ya se estaba replicando en países como Francia, Brasil, la India, Libia y Sudáfrica para obtener más evidencia que pudiera presentarse en 2018 a los miembros de la Organización y conseguir la reclasificación del status de “transgénero”.

En un artículo más reciente, titulado THE STRUGGLE OF TRANS AND GENDER-DIVERSE PERSONS, aparecido bajo el membrete de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, el Experto Independiente sobre orientación sexual e identidad de género informa, entre varias cosas, que la Organización Mundial de la Salud adoptó en 2019 la undécima revisión de la clasificación referida (ICD-11), que retira las categorías relacionadas con lo trans del capítulo sobre desórdenes mentales y conductuales, despatologizando así las identidades trans, lo que se considera un paso importante para asegurar que las personas trans puedan vivir libres de violencia y discriminación.

Ambos datos, de procedencia oficial, atestiguan el avance en cuanto a consideración y comprensión de las realidades sociales y humanas logrado en esta época, algo todavía muy distante hace 40 años, como recordamos los que ya investigábamos, analizábamos, discutíamos, proponíamos y/o poníamos en práctica entonces. (Como en mi caso con el breve artículo sobre la censura y la imposibilidad de reconocer la propia preferencia sexual (1965) que, cuando menos a un joven universitario -como me lo contó un amigo suyo- ayudó a salir de la depresión. Tan sólo por eso, valió la pena escribirlo.)

Pero aparte de la reflexión académica (scholarship), que ahora abunda, está la práctica social misma, como se comprueba constantemente con sólo no cerrar los ojos a la realidad y tomar nota de lo que percibimos. Y, sin embargo, siguen manifestándose actitudes y comportamientos propios de una edad oscura, de miedo y fanatismo, como lo demuestra la nota roja y su estadística. ¿Por qué sucede esto? Es el tema precisamente de este artículo y el que le da su título.

El conocimiento no sólo formalmente válido sino útil en la práctica, ya que se puede aplicar en ésta, depende del movimiento dialéctico -esto es, que va y viene de un polo a otro (“pin-ponea”, en términos coloquiales)- entre los hechos y la representación que nos hacemos de ellos, lo que va configurando en nuestra memoria -orgánica o depositada en un soporte externo, como un escrito, por ejemplo- una ruta que se autocorrige por aproximaciones sucesivas y refleja con aceptable precisión y confiabilidad la sucesión, desarrollo o evolución objetiva de los hechos,

Pero no deja de ser una representación, propiamente una METAFÍSICA en la que inevitablemente queda involucrada la subjetividad, tanto la propia como la de otros, presentes o virtuales, por lo que si no es constante y sistemáticamente confrontada  con los propios hechos, va convirtiéndose en una metafísica cada vez más subjetiva y alejada de ellos, con las consecuencias magistralmente ilustradas por Cervantes en la lucha de Don Quijote con los molinos de viento, a los que veía como descomunales malandrines a quienes debía desafiar y vencer en singular combate.

Respecto a este punto particular, el filosófico, encontré hace poco en la Red un interesantísimo y muy accesible artículo de 2009 titulado FILOSOFÍA Y DIVERSIDAD SEXUAL: APORTES PARA UNA LECTURA DE LA CONSTITUCIÓN COLOMBIANA EN CLAVE DE GÉNERO.

Hasta aquí este artículo preparatorio al análisis de los mecanismos que mantienen artificialmente y a contracorriente del avance social, la discriminación y persecución de las PERSONAS SEXUALMENTE DIVERSAS.

¿Qué les ha parecido, amables lectores?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.