– La Historia Jamás Contada –
En las definiciones anteriores incluía de “bárbaro” por su relevancia para caracterizar el lamentable estado actual de la sociedad, que puede interpretarse fundadamente como una recaída en un estado de semibarbarie, tanto por la pérdida de los protocolos mínimos de convivencia (el civismo) como por el predominio del irracionalismo (como el fatalismo y su par dialéctico, la superstición) en la ideología, mientras que es lo demográfico se observa la dispersión de una parte importante de la población en “bandas”, no necesariamente delictivas pero sí con un comportamiento ASOCIAL en lo que más allá de sí mismas, no exclusivo -ni mucho menos- de las llamadas “tribus urbanas” (grupos que vagan por las ciudades).
Recapitulando, la resistencia activa que nuestra generación opuso al tradicionalismo de nuestros padres y antecesores resultó finalmente en una tregua, un estado de laisser faire (dejar hacer) generalizado, que al correr del tiempo y no empezar nosotros mismos a asumir la conducción de la sociedad, permitió el ascenso hegemónico de sus capas menos urbanizadas, principalmente el lumpen citadino, pero también de quienes comenzaron a llegar en masa de lo que alguna vez fue el campo.
La lección aquí es NO repetir la actitud históricamente suicida de la generación que nos precedió, que por dedicarse a perseguir a sus descendientes disidentes, críticos o simplemente desorientados, descuidó -y a veces hasta alentó- la llegada de estos “bárbaros”, en el sentido de que encarnan en sus relaciones una etapa ya superada -aunque trabajosa e imperfectamente- en nuestro medio por algunas décadas de desarrollo social.
Párrafo aparte merecen los tradicionalistas espurios, miembros de la clase media urbana contemporánea y por lo tanto con el mismo trasfondo (background) histórico-social que nosotros, que se han asignado la tarea de justificar el retorno de tales comportamientos recurriendo a “raíces” u ”orígenes” puramente míticos o, actualmente, a la metafísica barata de “valores” supuestamente universales y atemporales, cuando la cruda realidad es que se trata del resultado imprevisto del abandono o descuido en su momento, esta vez por nuestra generación, de los ASUNTOS PÚBLICOS.
Para ser justos, hay que precisar que nuestra generación no persiguió a sus hijos, pero sí los abandonó en una situación ya deteriorada, en posición desventajosa frente a los ya muy afianzados “bárbaros”, en cuyo medio y según sus reglas se criaron, con el conflicto permanente entre las expectativas que aún teníamos -y tenemos- nosotros y las únicas respuestas que obtenían del medio, ahora enajenado: les tocó ser “extranjeros en su propia tierra”.
Por eso es una generación que se automargina por principio, al grado de que los activistas de ahora son los jubilados y no los jóvenes. Y este es el problema de fondo, pues para “enderezar” la Historia -lo que en teoría es posible- se requiere precisamente la movilización política. ¿Qué hacer entonces?
Primero, IDENTIFICARNOS como la generación de la que ellos provienen culturalmente, dándoles a conocer nuestra época y lo que logramos entonces, que mucho de ello lo ignoran por completo.
Segundo, DISCUTIR con ellos la situación real de la sociedad, más acá de las sobresimplificaciones y hasta mentiras que suelen difundirse en los medios -y ahora también en la Internet-, aportando puntos de referencia válidos sobre los que puedan tomarse decisiones, pues la Historia de ninguna manera ha terminado y TODO lo social puede ser modificado en algún grado: la praxis política sigue siendo posible.
Y tercero, PLANEAR juntos la sociedad que queremos. Finalmente -y por sorprendente que parezca- en gran parte es una cuestión TÉCNICA para la que ya existen los medios.
Todavía podemos hacer acto de presencia en la Historia, aunque ya no con el mismo vigor que tuvimos más jóvenes, pero sí en cambio como asesores calificados de esta nueva generación, mucho más parecida a la nuestra de lo que ambas damos por hecho, pero para confirmarlo -o refutarlo en su caso- primero tenemos que establecer una LÍNEA DE COMUNICACIÓN, con la ventaja de que ahora SÍ podemos tomar esa decisión, cuando menos.
Puebla, a 21 de enero de 2009
(P.D. De otro modo -agregaría ahora- podría suceder lo que ya estamos comenzando a vivir bajo el “nuevo” (?) régimen: regresar al punto donde comenzó la REBELIÓN, pues precisamente por eso fue el pleito entonces. ¿Qué opinan ustedes?)
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.
































