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Tragedia en la Gran Tenochtitlan: el “Diluvio de San Mateo”

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Retrato de Tenochtitlan, Thomas Kole

ConoSer Bien

“Las inundaciones son actos de Dios, pero las pérdidas que producen son,
en gran medida, actos del hombre

Anónimo

La crisis del agua en la Ciudad de México, una de las capitales más grandes del mundo, lleva varias décadas y es consecuencia de diversos factores entre los más relevantes se encuentran: a) Fugas: ya que la antigüedad de las tuberías y la falta de mantenimiento de la red ha provocado que la CDMX pierda por segundo lo equivalente a 345 albercas olímpicas¹. b) Sequía: tanto la sequía histórica que afecta al centro del país, como el cambio climático, ha reducido la disponibilidad de agua. c) Mala planificación: La expansión urbana y el clima seco han puesto a prueba el suministro de agua. d) Disminución de los niveles de agua subterránea. e) Embalses: Los embalses de agua de la ciudad se encuentran en niveles muy bajos de acuerdo con su capacidad.   

A la escasez, la sobreexplotación, la contaminación y la pérdida de millones de litros en fugas, se han sumado las altas temperaturas. En Ciudad de México suele llover tanto o más que en Londres, pero se recicla apenas el 15% del agua. La ciudad está construida sobre una red de lagos inmensos, aun así, México, hace pocos años, batió el récord como el país que más compraba agua embotellada.  

Resulta extraño pensar que la Ciudad de México se esté quedando sin agua, cuando sus orígenes fueron construidos sobre un inmenso lago. Sin embargo, con el paso de los siglos, el lago fue desecado y la mayoría de los ríos y arroyos fueron entubados para construir en la superficie. La situación extrema de escases de agua a la que se ha llegado es producto, además de lo indicado anteriormente, de la sequía meteorológica y la socioeconómica, ya que la inversión en el mantenimiento de las redes hidráulicas es insuficiente. 

Eduardo Matos Moctezuma² en su libro “Las inundaciones de Tenochtitlan”, da cuenta de la inmensa cantidad de agua que existía en lo que es ahora la CDMX, indica que el lago de Texcoco, lugar en el que se asentaban los tenochcas, fue motivo, de aspectos benéficos, como eran los productos que se aprovechaban del lugar (peces, camaroncillos, ranas, etc.), además de las aves migratorias que llegaban periódicamente. Sin embargo, también se sabe de problemas, ya que las aguas del lago no eran mansas y en ocasiones sus embates ocasionaban daños a las obras realizadas.  

Las inundaciones de la ciudad también eran constantes, lo que obligaba a los tenochcas a rellenar el terreno para elevar el nivel de las construcciones. Esto ocurría principalmente por el hundimiento que sufrían los edificios de grandes dimensiones asentados sobre un subsuelo lodoso en medio de un lago.  

En el libro de Matos se señala que por lo menos pudieron ocurrir cuatro grandes inundaciones en Tenochtitlan, sin contar las de menores dimensiones, agrega: “…hubo más de tres etapas de inundación en tiempos prehispánicos, ya que se tienen registradas otras más en las fuentes históricas. Pero sí es claro que estas tres resultaron las mayores y que su magnitud fue tal que provocaron el abandono de las construcciones por parte de sus habitantes…”  

Algo que resulta interesante con relación a las inundaciones lo tenemos en relatos míticos como la Leyenda de los Soles³, en la que se señala que uno de esos soles fue el “Sol 4-Agua”, que destruyó y arrasó todo lo existente y las personas se convirtieron en peces. En los presagios que corrían por Tenochtitlan antes de la llegada de los españoles está aquel que nos habla de que las aguas del lago se agitaron. Dice así el relato: “Fue su impulso muy lejos, se levantó muy alto. Llegó al fundamento (cimientos) de las casas; y derruídas las casas, se anegaron en agua. Eso fue en la laguna que está junto a nosotros”. 

Un evento ocurrido a partir del 21 de septiembre de 1629, que fue causado por una fuerte lluvia que duró aproximadamente 40 horas y resultó en la inundación total de la ciudad, es conocido este hecho como “El diluvio de San Mateo”. Para unos, el torrencial aguacero era un castigo de la Providencia por los excesos de los españoles. Para otros, Tláloc, el antiguo dios de la lluvia de los aztecas, lloraba sobre México desde su derrota en 1521. 

La inundación provocó que el nivel del agua superara los dos metros de altura y la ciudad permaneció inundada durante cinco años, desde septiembre de 1629 hasta 1634. Destruyendo las casas hechas de adobes de los indígenas, afectando seriamente la cimentación de las viviendas que habían construido los descendientes de los conquistadores y otros peninsulares.  

Las condiciones insalubres, la carestía y enfermedad que siguieron a la inundación causaron la muerte de aproximadamente 30,000 personas en los siguientes años, en su mayoría personas de bajos recursos, indígenas y mestizos, que vivían en los barrios ubicados en la periferia de la ciudad. De las 20,000 familias de españoles que había en esos momentos en la ciudad, solo permanecieron 400. El virrey Rodrigo Pacheco y Osorio, III Marqués de Cerralbo, implementó varias medidas no solo para aliviar la situación sino para evitar que más personas dejaran la ciudad. 

La inundación de 1629 fue considerada como una de las plagas bíblicas. Narran los cronistas que: “Los estragos fueron terribles; “cerráronse los templos, suspendieron sus trabajos los tribunales, arruinóse el comercio, comenzaron a desplomarse y a caer multitud de casas”. Para entrar y salir de la ciudad se utilizaron canoas, como sucedió durante el apogeo de la ciudad mexica.  

Existía la creencia de que las fuertes lluvias fueron un castigo a los pecados de la ciudad. Se aceptó que las misas se dieran en azoteas o balcones para que las personas pudieran escucharlas desde sus casas. Ante la situación que se vivía, el virrey planteó al ayuntamiento la opción de cambiar la sede de la capital a otra ciudad, pero el ayuntamiento respondió que costaría más dinero cambiar la capital que lo que costaría reconstruirla

Jorge A. Rodríguez y Morgado, titular de la columna y el programa ConoSER bien. Twitter: @jarymorgado, correo electrónico: jarymorgado@yahoo.com.mx. Colaborador destacado de: Sabersinfin.com