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La poesía sello de humanidad y sana energía para el alma

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Autor: Enrique Muñoz Vega (1).

Cuántos seres humanos inspirados escriben poesía.

En una piedra lejana.

En un papel mojado de lágrimas.

En un instante de vacío existencial.

La historia de la literatura universal nos ha legado una vasta lista de grandes poetas.

Desde tiempos inmemoriales, cuando Roma se alzaba como un imperio gobernado por emperadores tiránicos y gran parte de Europa permanecía sometida bajo el yugo de deidades veneradas con fuego e incienso, la poesía se erigía como un bálsamo capaz de apaciguar el ímpetu de poder y la efímera gloria que dominaban a los ciudadanos romanos.

Es posible que en aquel entonces ignoraran las formas de espiritualidad tal como las comprendemos hoy. La influencia de Grecia y sus filósofos, poetas del Romanticismo, aquellos vates de corriente Modernista y Vanguardista, son un patrimonio histórico invaluable en lo que respecta a lo que entendemos por Poiesis(2).

Nombres como Virgilio, Horacio y Quintiliano, entre otros, ejemplifican una poética que busca interpretar y reflejar el sentido de la humanidad. En medio del poder, la violencia y la ambición de distintos monarcas, especialmente en el Viejo Continente, que se consumían por sus delirios de grandeza y ansias de conquista, estos connotados poetas y muchos otros ofrecían una perspectiva de misticismo y humanización que trascendía los límites de su tiempo.

No obstante, han transcurrido siglos desde aquellas épocas marcadas por una cultura compleja de guerra y poder absolutista. Sin embargo, ese carácter belicoso no ha logrado impedir que la poesía sobreviva, resurja y despliegue sus bondades. Más allá de ser únicamente un vehículo para expresar nobles sentimientos o simples descripciones de tiempos pasados o futuros, la poesía se manifiesta también como una corriente vital que, en la actualidad, es impulsada por una masa crítica privilegiada. A través del mundo virtual, estas personas promueven pensamientos y narrativas personales que, aunque a veces surgen desde la intimidad de cuatro paredes, logran resonar y encontrar eco en un público cada vez más diverso.

En la actualidad, el avance vertiginoso de la tecnología y el auge de la inteligencia artificial nos encaminan hacia una sociedad virtual, cuyos matices reflejan valores humanos que aún no han logrado superar el individualismo, el narcisismo y la competencia, así como la búsqueda constante de logros inmediatos, tanto personales como colectivos, que caracterizan la cultura del siglo XXI. Desde la década de los noventa, vivimos en una era dominada por nativos digitales, y la poesía, lejos de desaparecer ante la interconectividad acelerada, no se ha visto relegada a los márgenes de las redes sociales. Por el contrario, al analizar diversas regiones de América Latina, encontramos miles de poetas que se expresan utilizando lenguajes cautivadores, imágenes creativas y emociones profundamente íntimas. Cada día surgen cientos de nuevas publicaciones, y es habitual descubrir poemarios provenientes de países como España, México, Colombia, Argentina o Chile. En estos lugares, pequeñas editoriales han asumido la misión de publicar poesía, desafiando la creencia de la industria literaria tradicional que considera este género como uno que “no vende”.

En el análisis anterior, descubrimos que, a través de sitios web, canales de YouTube y grupos de WhatsApp, emergen poetas que declaman bajo el amplio cielo de toda América Latina.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Por qué la poesía no se difunde más ampliamente y no se convierte en un hábito para lectores alejados de los libros? ¿Por qué aún no logra un alcance significativo entre los ciudadanos? ¿Por qué su lectura sigue siendo rara entre los estudiantes más jóvenes? ¿Por qué los fondos estatales concursables para literatura benefician solo a unos pocos autores? Estas interrogantes abren la puerta a una propuesta con raíces profundas que permanece, en gran medida, desconocida.

La poesía, además, desempeña un papel esencial en el desarrollo de la inteligencia emocional y establece conexiones profundas con los avances en neurociencia. Se ha demostrado que tiene un efecto sanador y terapéutico, expandiendo las emociones y fortaleciendo el vínculo entre lo cognitivo y las experiencias de paz y bienestar, contribuyendo así a una salud mental más equilibrada.

El Cerebro Poético

Enrique Canchola Martínez argumenta que la poesía ejerce un profundo efecto en el cerebro humano, activando áreas vinculadas a la creatividad, la memoria y las emociones. Sus investigaciones sugieren que tanto la lectura como la escritura de poesía estimulan la plasticidad neuronal, favoreciendo la formación de nuevas conexiones sinápticas. Este proceso resulta fundamental para el aprendizaje y la capacidad del individuo de adaptarse a su entorno.

Además, el investigador ha analizado cómo la poesía puede incidir en la producción de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina(3), vinculados al bienestar y la felicidad. Así, la poesía no solo representa un desafío intelectual, sino también una herramienta terapéutica con el potencial de mejorar el equilibrio emocional de las personas.

La Poesía Como Expresión de la Conciencia

Otro aspecto relevante en la obra de Canchola Martínez es su análisis de la poesía como una forma de expresión de la conciencia humana. Desde su perspectiva, el lenguaje poético permite acceder a niveles profundos de introspección y autoconocimiento, facilitando la comunicación de emociones complejas que a menudo no pueden ser expresadas de manera convencional.

Enrique Canchola Martínez también destaca la poesía como una vía única para expresar la conciencia humana. Según su análisis, el lenguaje poético abre puertas hacia niveles profundos de introspección y autoconocimiento, facilitando la transmisión de emociones complejas que, en muchas ocasiones, no encuentran expresión adecuada en formas de comunicación convencional.

El investigador también ha explorado cómo la poesía puede influir en el liderazgo, destacando que el pensamiento poético puede convertirse en una herramienta poderosa para la educación y la transformación social. En este contexto, la poesía trasciende su dimensión artística para convertirse en un mecanismo de cambio capaz de moldear la percepción del mundo y las relaciones entre las personas.

Conclusión

Es indudable que el arte poético ocupa un lugar privilegiado, legado de tiempos antiguos, y que sigue siendo esencial para disfrutar de la riqueza y belleza del lenguaje. La poesía, como obra delicada del lenguaje, revela mundos que a menudo pasan desapercibidos para otros. Es capaz de tocar las fibras más sensibles, trascendiendo barreras culturales y emocionales. En este sentido, resulta crucial fomentar el hábito poético en niñas y niños, quienes muchas veces se ven atrapados por pantallas, la inmediatez de la tecnología y una competencia desmedida que les impide apreciar con naturalidad su propio desarrollo emocional y cognitivo. Como señala Enrique Canchola (4), “la poesía favorece el desarrollo cognitivo y emocional. En un mundo cada vez más dominado por la tecnología y la racionalidad, la poesía sigue siendo un refugio para la imaginación y la sensibilidad, recordándonos que la ciencia y el arte pueden coexistir en armonía”.

1. Enrique Muñoz Vega. Académico, poeta y escritor con más de veinte publicaciones tanto en Chile como en el extranjero. Reside en la comuna de Concón, V Región de Valparaíso. Posee siete títulos universitarios en el área de la educación y la convivencia escolar. Es participante activo, relator y colaborador en la Universidad de Valparaíso. Además, es miembro del PEN Club Chile e Internacional, así como de la Sociedad de Escritores de Chile.

2. Poiesis es un término griego que significa «creación» o «producción», derivado de ποιέω poieō , «hacer» o «crear». Platón define en El banquete el término poiesis como «la causa que convierte cualquier cosa que consideremos de no-ser a ser». Se entiende por poiesis todo proceso creativo.

3. Diferencias entre estos dos neurotransmisores: dopamina y serotonina: 1. La dopamina nos impulsa hacia el placer y la gratificación, mientras que la serotonina teje la trama de la felicidad y el bienestar. 2. La dopamina se relaciona más con el movimiento y el aprendizaje, mientras que la serotonina se relaciona más con el humor y el sueño.

4. Enrique Canchola Martínez. Este científico mexicano ha dedicado parte de su trabajo a visibilizar la poesía desde las neurociencias, argumentando que el arte poético no solo es una manifestación estética, sino también un fenómeno cerebral que influye en la percepción, la emoción y la cognición.