Por Enrique Canchola Martínez
Universidad Autónoma Metropolitana
Ciudad de México, México.
El Día Mundial de la Poesía, celebrado cada 21 de marzo, es una ocasión para honrar una de las expresiones más sublimes del arte humano. Establecido por la UNESCO en 1999, este día reconoce el impacto de la poesía en el diálogo, la creatividad y la conexión emocional entre culturas. Además de su valor cultural y artístico, la poesía tiene profundas implicaciones para la neurociencia, ha permitido conocer cómo interactúan nuestras emociones, cognición y cerebro en el proceso de creación y apreciación de los versos poéticos.
La poesía, con su capacidad para evocar sentimientos intensos y pensamientos complejos a través del lenguaje, ofrece una ventana fascinante para abordar el estudio del funcionamiento del cerebro humano. A través del análisis neurocientífico, es posible comprender cómo la poesía activa redes neuronales, genera emociones y promueve la creatividad. Como lo han propuesto los Poetas Abel Pérez Rojas y quien escribe este ensayo. (Sabersinfin.com)
Impacto de la poesía en el cerebro
La mente humana, con todas sus complejas capacidades contiene el universo en todas y cada una de sus manifestaciones y dimensiones.
El cerebro y la mente, son un espacio lleno de ritmos y emociones, es donde están las conexiones entre la creatividad poética y los procesos mentales. Es donde las emociones se reflejan en la creación artística científica y filosófica. En La mente y cerebro humano está profundamente arraigada la creatividad. El cerebro está programado para reconocer y responder a la poesía y al arte en su totalidad.
Desde una perspectiva neurocientífica, la poesía es un estímulo excitador de múltiples regiones del cerebro. La lectura de poesía activa áreas relacionadas con el procesamiento motor del lenguaje, específicamente, el área de Broca y el área de Wernicke, donde se construye la comprensión de lo que escuchamos. Sin embargo, su efecto va más allá de la simple comprensión lingüística. La poesía estimula el sistema límbico, que es responsable de la regulación emocional. Esto explica por qué leer un poema puede generar sentimientos profundos como alegría, nostalgia o melancolía.
La poesía activa la corteza prefrontal, implicada en la toma de decisiones y el razonamiento crítico. La interpretación de metáforas y símbolos poéticos exige un esfuerzo cognitivo que desafía al cerebro a pensar de manera abstracta y creativa. En este sentido, la poesía no solo es una forma de expresión artística, sino también un ejercicio para mantener la mente ágil y estimulada.
La poesía y la dopamina: Un placer cerebral
Otro aspecto fascinante es cómo la poesía puede influir en la liberación de neurotransmisores como la dopamina, conocida como la “molécula de la recompensa”. Cuando un lector encuentra un verso que resuena profundamente con sus emociones o pensamientos, el cerebro recompensa esta conexión liberando dopamina, lo que genera una sensación de placer y satisfacción. Esto explica por qué la poesía puede ser adictiva, atrayendo a las personas a buscar más experiencias poéticas que enriquezcan su vida emocional.
Además, la poesía tiene el potencial de activar redes de recompensa similares a las que se generan durante otras experiencias artísticas, como escuchar música o contemplar una obra de arte. En este sentido, la poesía actúa como un puente entre la mente y las emociones, conectando lo racional con lo emocional en una experiencia profundamente humana.
La poesía como herramienta terapéutica
Desde la perspectiva de las neurociencias, la poesía también tiene aplicaciones prácticas, especialmente en el ámbito terapéutico. La escritura poética, conocida como poesía terapéutica, puede ser utilizada para ayudar a las personas a procesar emociones difíciles y traumas. Cuando alguien escribe o lee poesía, las conexiones entre la corteza prefrontal y el sistema límbico se fortalecen, facilitando una mayor comprensión emocional y reduciendo el estrés.
Se ha sugerido, que la poesía puede ser beneficiosa para personas que enfrentan ansiedad, depresión o pérdida. Al expresar sus sentimientos a través de los versos, los individuos pueden encontrar un sentido de alivio y claridad emocional. Además, la poesía también puede fomentar la empatía al permitir que las personas comprendan las perspectivas y emociones de otros, creando una conexión emocional compartida.
La creatividad poética y la neuroplasticidad
La poesía, también tiene un impacto en la neuroplasticidad, que es la capacidad del cerebro para adaptarse y reorganizarse en respuesta a nuevas experiencias. Escribir poesía requiere desafiar al cerebro, pensar de manera original, conectar ideas aparentemente dispares y explorar emociones profundas. Este proceso estimula la neuroplasticidad, promoviendo el crecimiento y fortalecimiento de las conexiones neuronales.
La poesía como una manifestación neurocientífica y cultural
En un mundo cada vez más acelerado, la poesía actúa como un refugio que nos invita a detenernos, reflexionar y conectarnos con nuestra humanidad. La neurociencia nos muestra que este acto de conexión no solo es emocional, sino también profundamente biológico, un testimonio del poder transformador de la poesía en nuestras vidas.
Este 21 de marzo, celebremos no solo los versos que nos conmueven, sino también la complejidad de nuestro cerebro que hace posible esta experiencia única. Porque, en última instancia, la poesía es un puente entre lo cultural y lo neurocientífico, entre el corazón y la mente.
Enrique Canchola Martínez






























