– La Historia Jamás Contada –
A cincuenta años de haber descubierto -en la benemérita Biblioteca Franklin, por supuesto- las interesantes aplicaciones de las matemáticas para resolver problemas prácticos, más allá de la consabida escolástica de las definiciones, ejemplos y ejercicios aún imperante no sólo en la Educación elemental y la media sino también en la superior, y la consecuente adquisición, desarrollo y consolidación del hábito de analizar en detalle (research) las situaciones concretas con sus elementos actuantes y las relaciones recíprocas entre ellos, no me resulta difícil localizar el “eslabón perdido” -a veces son varios- que lleva al sistema, operación o proceso a fallar o incluso fracasar rotundamente.
Es el caso con los proyectos de mejoramiento de la MOVILIDAD que recurrentemente emprenden los Gobiernos en sus distintos niveles, de los cuales a veces no sólo somos testigos distantes u ocasionales sino afectados directamente por largas temporadas o de manera permanente, sea porque se modifiquen vialidades ya existentes o se creen otras donde no las había ni se esperaba las hubiera, trastornando las rutas de paso, sobre todo de los PEATONES.
¡Ah!, porque las nuevas vialidades son siempre para dar paso a ( más) vehículos, desde la humilde bicicleta hasta los más aparatosos transportes de carga masiva, a cuya preeminencia deben someterse todos los demás usuarios, dejando al viandante en último lugar, incluso por debajo de la bicicleta. Esto es, no sólo humilde sino humillado, como sucede con las razas consideradas “inferiores” en los regímenes racistas, que deben apartarse del camino para que pasen los “señores”, sin que medie necesidad objetiva alguna sino sólo porque éstos detentan este privilegio.
(Como anécdota, tuve oportunidad de constatar a qué conduce llevar al extremo esta prerrogativa vehicular en la entonces flamante Plaza Angelópolis, inaugurada en la segunda mitad de los años 90, donde simplemente “se les olvidó” (?) poner aceras para peatones, resultando una especie de drive-in kafkiano en que los curiosos y potenciales clientes sólo podían desplazarse en automóvil: ¡la reductio ad absurdum llevada a la realidad!)
Pues bien, desde el comienzo mismo de las obras, los habitantes del lugar quedan en estado de indefensión, pues nadie se tomó la molestia de avisarles de su inminencia y mucho menos de explicarles en qué consisten, cuál es su objetivo, cuánto van a durar o qué providencias se han tomado -usualmente ninguna– para minimizar su impacto negativo sobre la actividad cotidiana de la población, tanto durante el desarrollo como después de la conclusión del proyecto. Es decir, esa variable, la más concreta de todas, la población que resulta afectada… ¡sencillamente NO figura en el diseño del proyecto y que la gente se adapte como pueda!
Se dan todo tipo de afectaciones, empezando por la imposibilidad de pasar por donde siempre o cuando menos con el mismo, así fuera precario, nivel de seguridad que se tenía. (Ya en un artículo anterior relaté un caso que me tocó vivir por ese motivo durante una reciente campaña de reencarpetamiento de algunas avenidas de la Ciudad.)
Otra perturbación – y no menor- es la ingente cantidad de arena y partículas contaminantes varias arrojadas al aire y sus consecuencias nocivas tanto para la salud de los habitantes como para el funcionamiento de toda clase de aparatos y herramientas.
Peor aún en temporada de lluvias, cuando las vías, ahora cubiertas de arena, se vuelven fangosas y lo que eso significa, sobre todo de noche y/o en pleno aguacero, situación harto peligrosa aún para los aventureros-todo-terreno de corazón y con experiencia.
Pero las cosas pueden manejarse con sólo incluir la variable hasta hoy excluida como las más importante, referencia y control del resto de las que entran en el proceso, para asegurarse de que aún en el peor de los casos, los hasta hoy peatones-parias, tengan en todo momento garantizada su propia movilidad.
En último término es una cuestión de pensar matemáticamente, pues al incluir la variable poblacional en las ecuaciones que describen el proceso, siempre se la tendrá en cuenta a la hora de resolverlas para pasar a la acción, en una ingeniería cuyo objetivo sea mejorar efectivamente la calidad de vida de los habitantes -humanos y de otras especies- y no simplemente ignorarlos en aras de ABSTRACCIONES que inexorablemente evolucionarán hacia lo ABSURDO, como en la Plaza que les conté, pero reproducido y ampliado a niveles que NO ALCANZAMOS A IMAGINAR.
¿O cómo lo ven ustedes, atentos lectores?
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.





























