Por Enrique Canchola Martínez
Tus labios como pétalos
de rosa encendida
provocan a mi boca
a libar tu néctar
como regalo de diosa.
Tu boca con esos labios
tiernos y carnosos
llenan de deseos
ansiosos y morosos
a mis papilas rabiosas.
Mi lengua anhela
el roce de ese fuego,
que se dibuja en tu boca.
Mis besos desean perderse
en tu vestíbulo amoroso.
Y en el silencio,
beber de tu ambrosía,
en ese abrazo de seda
que tiene tu guarida
repleta de poesía.
Dejando que el tiempo
afuera se pierda
y solo exista tu boca y la mía.
Enrique Canchola Martínez. 22 de marzo de 2026





























