Por Enrique Canchola Martínez
Universidad Autónoma Metropolitana
Ciudad de México, México.
Introducción: La trampa de la violencia invisible
El machismo cotidiano, entendido como aquellas expresiones sutiles o explícitas que colocan a la mujer en una posición de inferioridad frente a la perspectiva masculina, es un fenómeno profundamente arraigado en la psicología, la sociología y la cultura. Estas manifestaciones, que pueden ser desde comentarios aparentemente inofensivos hasta microagresiones sistemáticas, revelan una estructura de pensamiento que podría describirse desde las neurociencias, como un “programa de mónadas cerebrales conceptuales”. Este término, inspirado en las ideas filosóficas de Gottfried Wilhelm von Leibnitz (1646-716)1 adaptado al contexto de las ciencias sociales, se refiere a un conjunto de conceptos, prejuicios y narrativas internalizadas que operan como bloques fundamentales en la cognición colectiva. Incluyendo bases multifactoriales complejos y ancestrales, dentro de las cuales podemos mencionar componentes: psicológicos, biológicos, sociales, económicos y culturales diversos que no conocemos del todo.
Bases Psicológicas: La fragmentación de la autonomía
Desde la Psicología un análisis de los machismos cotidianos, podríamos decir que forman parte de un programa de mónadas cerebrales conceptuales de pensamiento, que pueden ser interpretados como el resultado de patrones de socialización temprana. Los niños y niñas, inmersos en contextos familiares y educativos que a menudo refuerzan roles de género tradicionales, asimilan creencias y comportamientos que perpetúan estas dinámicas de poder. Por ejemplo, frases como “los niños no lloran” o “las niñas son delicadas” instalan en la mente de las personas categorías rígidas sobre lo que significa ser hombre o mujer, limitando la expresión de individualidades y promoviendo jerarquías implícitas.
Desde la psicología social, el machismo se entiende como un fenómeno multifactorial que influye en la identidad y el comportamiento. Afecta la autoestima y la salud mental de quienes lo sufren, generando ansiedad, depresión y estrés. Los machismos-afectan-tanto-a-mujeres-como-a-hombres, imponiéndoles estándares de masculinidad tóxicos que llevan a reprimir emociones y asumir roles innecesarios
Componentes sociales: La geometría del poder
Por otro lado, el componente sociológico del machismo cotidiano radica en su capacidad para sostener y replicar estructuras de poder. Pierre Bourdieu (1930-2002)2, en su concepto de habitus, señala que nuestras prácticas diarias están determinadas por esquemas internalizados que reflejan las desigualdades estructurales de la sociedad. En este sentido, el machismo cotidiano actúa como un lenguaje simbólico que normaliza la dominación masculina y la subordinación femenina. Esto se observa en dinámicas como la invisibilización del trabajo doméstico, la hipersexualización de las mujeres en medios de comunicación y la exclusión de las mujeres de espacios de toma de decisiones.
Bases culturales: filosofía de la opresión
En términos culturales, estas prácticas suelen justificarse a través de narrativas tradicionales y mitos que romantizan la sumisión femenina y exaltan la masculinidad agresiva. La cultura popular, la religión y la historia desempeñan roles clave en la perpetuación de estos discursos. Sin embargo, es esencial destacar que estas narrativas no son inmóviles. Las mónadas cerebrales conceptuales pueden reconfigurarse mediante procesos de educación, reflexión crítica y activismo social.
El machismo cotidiano, por tanto, no es simplemente una colección de actos aislados, sino un sistema integrado dentro del marco conceptual y cognitivo de las sociedades. Su carácter “programático” implica que opera de manera automática, reproduciéndose a través de generaciones y contextos, a menos que se cuestione de manera activa.
Reconocer al machismo cotidiano como parte de un programa de mónadas cerebrales conceptuales abre la puerta a una comprensión más profunda de sus orígenes y mecanismos. Esto permite visualizar estrategias para su desmantelamiento, que incluyen fomentar la empatía, promover la igualdad de género y deconstruir los prejuicios arraigados. Solo a través de un esfuerzo colectivo y consciente será posible reconfigurar este programa y avanzar hacia una sociedad más equitativa.
Bases biológicas: La diferenciación cerebral; fragmentación del sujeto
La influencia de la diferenciación cerebral, las hormonas y la educación en los machismos son de suma importancia. El fenómeno de los machismos cotidianos no solo se sustenta en factores socioculturales como la educación, sino que también puede estar influenciado por procesos biológicos, como la diferenciación cerebral y las hormonas, las cuales estructuran y activan mónadas cognitivas. Estos aspectos desempeñan un papel en la construcción de comportamientos y percepciones que perpetúan las desigualdades de género.
Desde la perspectiva de la diferenciación cerebral, es importante mencionar que existen diferencias estructurales y funcionales entre los cerebros de hombres y mujeres, las cuales están determinadas en parte por factores genéticos, hormonales y ambientales. Algunas investigaciones han sugerido que ciertas áreas del cerebro, como la amígdala y el hipotálamo, que están relacionadas con la regulación emocional y los comportamientos sociales, muestran diferencias en tamaño y actividad entre los sexos. Sin embargo, estas variaciones no justifican de manera inherente la existencia de roles o actitudes de dominación masculina; más bien, son interpretadas y potenciadas por las narrativas culturales que asignan significados específicos a estas diferencias 3 En cuanto al rol de las hormonas, la testosterona y los estrógenos juegan un papel relevante en el desarrollo de características físicas y en la modulación de ciertas conductas. La testosterona, por ejemplo, ha sido vinculada a comportamientos competitivos y agresivos, lo cual se ha usado, de manera incorrecta, como una justificación biológica para ciertas actitudes machistas. Sin embargo, es crucial destacar que las hormonas no determinan de manera absoluta el comportamiento humano; su influencia está modulada por la educación, el contexto social y las experiencias individuales 4.
La educación: Arquitectura del machismo
La educación actúa como un puente entre lo biológico y lo social, moldeando cómo interpretamos y respondemos a nuestras predisposiciones naturales. Por ejemplo, una sociedad que promueve la equidad puede enseñar a canalizar las características competitivas de manera positiva y colaborativa, mientras que una cultura que perpetúa estereotipos de género puede reforzar comportamientos que sustenten el machismo. Además, las dinámicas de crianza y socialización inculcan desde edades tempranas los valores y actitudes que guían nuestras interacciones cotidianas.
Un ejemplo interesante de la interacción entre estos factores es cómo los juegos y actividades físicas en la infancia, que pueden estar influenciados por niveles hormonales, son también estructurados por normas culturales. Los niños, a quienes se suele animar a participar en actividades competitivas y físicamente intensas, desarrollan comportamientos asociados con el liderazgo y la toma de decisiones, mientras que a las niñas se les enseña a priorizar la cooperación y la empatía, reforzando narrativas de sumisión.
En conclusión, los machismos cotidianos son el resultado de una compleja interacción entre la biología y la cultura, donde factores como la diferenciación cerebral, las hormonas y la educación contribuyen al desarrollo de estas actitudes y mónadas. Para modificar estos patrones, es necesario no solo reexaminar los mensajes educativos, sino también promover una comprensión crítica de cómo interpretamos las diferencias biológicas y las integramos en nuestra construcción de género. Solo a través de esta reflexión profunda podemos aspirar a una sociedad más equitativa y justa.
Análisis desde las neurociencias: Del ser a la estructura
Los machismos cotidianos pueden analizarse a través de la manera en que el cerebro procesa y refuerza mónadas con sesgos de género. Estos sesgos no son innatos, sino que se desarrollan a partir de la socialización y la exposición a normas culturales que moldean la percepción y el comportamiento.
El cerebro humano tiende a categorizar la información para simplificar la toma de decisiones. Esto puede llevar a la formación de estereotipos de género, que se refuerzan con la repetición y la validación social. Aunque los sesgos de género pueden estar profundamente arraigados, la neuroplasticidad permite modificar patrones de pensamiento a través de la educación y la exposición a nuevas experiencias.
Machismos y salud mental: El control fragmentado
Las mujeres que enfrentan machismos cotidianos pueden experimentar niveles elevados de estrés, lo que afecta la regulación emocional y la salud mental. Estudios han demostrado que la discriminación de género puede influir en la activación de la amígdala, la región del cerebro asociada con el procesamiento del miedo y la ansiedad.
Algunas investigaciones sugieren que los hombres y las mujeres pueden procesar el dolor y la empatía de manera diferente debido a la influencia de factores socioculturales y biológicos. Esto puede contribuir a la comprensión de la asimetría monádica de las emociones masculinas y femeninas en entornos sociales
En resumen, el estudio de los machismos cotidianos desde las neurociencias ayuda a vislumbrar cómo se perpetúan estos patrones y cómo pueden modificarse esas mónadas a través del “reseteo cerebral” mediante la educación y la concienciación.
Perspectivas filosóficas sobre el machismo cotidiano
Desde la filosofía, los machismos cotidianos pueden analizarse como mónadas de poder que han sido naturalizadas a lo largo de la historia. Se sustentan en constructos sociales que han definido roles de género y han legitimado la desigualdad.
Simone de Beauvoir (1908-1986), examina cómo el machismo se ha integrado en sistemas de poder y normas sociales y ha cuestionado la construcción de la feminidad como una identidad subordinada.
Por otra parte, la epistemología feminista, analiza cómo el conocimiento ha sido históricamente producido desde una perspectiva masculina, excluyendo o minimizando las contribuciones de las mujeres en la ciencia, la filosofía y la cultura.
Desde la Fenomenología, el machismo cotidiano afecta la percepción de la realidad y la identidad de las mujeres, vulnerando su autonomía y justicia.
Cabe mencionar que históricamente, las mujeres filósofas han sido marginadas en la historia del pensamiento. La recuperación de figuras como Sor Juana Inés de la Cruz y Hannah Arendt, entre otras, es clave para entender cómo el machismo ha operado en la construcción del conocimiento 5.
Las mónadas machistas cotidianas desde la perspectiva de la bioética
Analizar las mónadas machistas cotidianas desde la bioética nos permite observar cómo estas prácticas impactan negativamente en las relaciones humanas y las estructuras sociales. Al contrastarlos con los principios fundamentales de la bioética: autonomía, justicia, beneficencia y no maleficencia, podemos identificar vías para prevenirlos y generar cambios de conducta que promuevan una sociedad más equitativa y respetuosa.
Autonomía
El principio de autonomía enfatiza el respeto por la capacidad de las personas de tomar decisiones libres e informadas. Los machismos cotidianos vulneran este principio al imponer restricciones sobre la independencia de las mujeres, tanto en su vida personal como en su desarrollo profesional. Por ejemplo, prácticas como infantilizar las opiniones de las mujeres o ignorar su participación en espacios de decisión niegan su capacidad autónoma para elegir y actuar. La prevención pasa por educar en la importancia de la autonomía y fomentar un diálogo igualitario que respete la voz y las decisiones de cada individuo.
Justicia
El principio de justicia exige equidad en el trato y en la distribución de recursos y oportunidades. Los machismos cotidianos, al perpetuar actitudes discriminatorias, crean un entorno desigual en donde las mujeres tienen menos acceso a derechos básicos, oportunidades laborales y reconocimiento social. Esta falta de justicia se manifiesta en fenómenos como la brecha salarial y el acoso laboral. Para cambiar este paradigma, es crucial implementar políticas públicas y marcos educativos que promuevan la igualdad de género y eliminen las barreras estructurales.
Beneficencia
La beneficencia se refiere a actuar en beneficio de otros, buscando maximizar el bienestar y minimizar el daño. Los machismos cotidianos violan este principio al generar un ambiente que perpetúa el sufrimiento emocional, psicológico y físico de las mujeres. Actitudes como comentarios despectivos o micromachismos no solo dañan la autoestima de las personas afectadas, sino que también reducen su calidad de vida. En este sentido, la prevención y el cambio de conducta implican promover relaciones respetuosas y solidarias, donde se priorice el bienestar colectivo. “Las mejores acciones son aquellas que promueven la mayor felicidad para el mayor número de personas”, como lo propone John Stuart Mill (1806-1873), siguiendo la propuesta de Jeremy Bentham (1748-1832).
No maleficencia
El principio de no maleficencia se centra en evitar causar daño. Los machismos cotidianos, aunque puedan parecer inofensivos, son una forma de maleficencia al sostener y reforzar dinámicas que perpetúan la opresión de género. Los comentarios aparentemente inocuos como “eso no es trabajo para mujeres” generan consecuencias a largo plazo que afectan tanto a las personas como a las estructuras sociales. La educación para erradicar estas expresiones y conductas debe ser una prioridad, comenzando desde edades tempranas y extendiéndose a todos los niveles de interacción.
Reflexión sobre prevención y cambio de mónadas y conducta
Para transformar los machismos cotidianos y alinearlos con los principios bioéticos, es esencial adoptar un enfoque integrador que combine educación, políticas públicas y un cambio cultural. La educación juega un papel fundamental en la creación de mónadas y conciencia sobre los derechos individuales y colectivos, así como en la promoción de valores igualitarios. Las políticas públicas pueden establecer marcos legales que protejan la equidad y penalicen las prácticas discriminatorias. Finalmente, el cambio cultural requiere un esfuerzo colectivo para cuestionar las mónadas narrativas tradicionales y construir nuevas formas de relacionarnos basadas en el respeto y la empatía.
Analizar los machismos cotidianos desde la bioética nos ofrece una perspectiva multidimensional para entender sus impactos y buscar soluciones. Solo a través de la acción conjunta y el compromiso ético será posible avanzar hacia una sociedad más justa y equitativa, respetando los principios fundamentales que promueven el bienestar humano.
Ejemplos comunes de machismos cotidianos
a) El sabe lo todo: La interrupción de un hombre a una mujer para explicarle algo de manera condescendiente, asumiendo que él sabe más.
b) Descalificación sistemática: Minimizar las opiniones o logros de una mujer, como asumir que su éxito se debe a factores externos y no a su capacidad.
c) Roles de género impuestos: Asumir que las mujeres sean las principales responsables del cuidado de los hijos, adultos mayores o tareas domésticas.
d) Violencia verbal encubierta: Comentarios despectivos que refuerzan estereotipos de inferioridad como: “corres como una niña” o “qué suerte que tu esposo te ayuda en casa” etc.
Estos comportamientos, aunque sutiles, contribuyen a la normalización de la desigualdad. Visibilizar, cuestionar y combatir estos machismos, promueve relaciones más equitativas y justas.
Sin lugar a dudas, en conclusión, de acuerdo a lo anteriormente expuesto, los machismos cotidianos son el resultado de la estructuración y activación de mónadas mentales que son las entidades indivisibles individuales y colectivas, cada una con su grado de percepción, de lo cual surge la conciencia individual o colectiva, primaria o extendida, lo que determina el comportamiento humano. Sin dejar de hacer énfasis que las mónadas pueden ser modificadas a través de la educación y con ello modificar la conducta machista cotidiana.
Lecturas
1.-Leibniz, Gottfried Wilhelm, Freiherr von, 1646-1716 The monadology and other philosophical writings.Publication date 1898. Publisher London : Oxford University Press.
2.- Bourdieu, Pierre (14 de julio de 2016). La distinción: Criterio y bases sociales del gusto. Penguin Random House Grupo Editorial España.
3.- Swaab, D. (2014), Somos nuestro cerebro: cómo pensamos, sufrimos y amamos, Barcelona.
4.- Enrique Canchola. “Minuto a Minuto.” Política (2023). https://www.sabersinfin.com/articulos/105-articulos-de-salud/1231-ies-el-estreno-ngel-protector-del-cerebro?showall=1
5.- (https://www.gaceta.unam.mx/machismo-y-las-filosofas-que/
E. Canchola





























