Inicio Artículos Artículos de lo extraño Las sectas en el poder

Las sectas en el poder

581
Imagen del autor Dilsadakcaoglu en PIXABAY

– La Historia Jamás Contada –

Fue en 1994 cuando leí mi primer libro sobre sectas, una esclarecedora colección de reportajes del periodista investigador español Pepe Rodríguez titulada EL PODER DE LAS SECTAS. No era la primera vez que me llamaban la atención las personas que viven y se desempeñan de manera diferente a la tenida por “normal” en un medio dado, pues ya desde la pubertad había comenzado a sistematizar mis observaciones y reflexiones sobre lo que años después supe que se conocía como Historia Cultural, algo impensable en un régimen ideológico-político hegemónico como el clerical-priísta, empeñado en obturar cualquier “rendija” -publicación, película, programa o visitante- que permitiera a la gente asomarse a otras formas de ser socialmente, otros usos y costumbres, otros hábitos de vestido, alimentación, socialización, recreo, culto, etc. En síntesis, otras CULTURAS. De aquí el nombre de la disciplina.

Pero entre los individuos que se diferenciaban del común de la gente local, había quienes lo hacían grupal o comunitariamente. Aquí es donde las cosas se ponían interesantes, pues se trataba ya de medios sociales donde un individuo que compartiera sus cualidades y necesidades expresivas, podía desarrollarse sin ser automáticamente estigmatizado y segregado. Es decir, se trataba ya de subculturas completas, en su momento un verdadero escándalo para el conformismo tradicional.

Pero lo que me llevó a enfocarme sobre las subculturas sectarias, fue una serie de sorpresivos y bastante desagradables incidentes que me ocurrieron en 1992, comenzando el viernes 27 de febrero con una extraña llamada telefónica en la que un niño asustado me recitó de corrido una amenaza que le habían hecho aprenderse para que exactamente al terminar, alguien apretara el botón y se cortara la comunicación.

El jueves siguiente lo intentaron otra vez, aunque sin éxito. Pero volvieron a la carga el mes siguiente, cuando por un aviso de la sucursal de correos más cercana sobre una correspondencia dirigida a mí, me presenté para ver de qué se trataba. Me entregaron un sobre manila con el aviso escrito con pluma de: “La presente se recibió en el saco de distribución abierta de sus extremos. 28-3-92”. Eran dos cartas junto a unas copias que me envió una persona con quien mantenía un intercambio epistolar desde hacía meses a razón de una carta por mes.

Sin sospechar siquiera alguna conexión con los incidentes anteriores, continué enviándole cartas, cinco en total sin recibir respuesta, hasta que un día me llamó por teléfono para preguntarme qué había pasado que ya no le escribía (!). No había duda, se trataba de foul play: alguien estaba interceptando nuestra correspondencia, en una palabra, espiándonos. Por los tiempos, antecedentes y circunstancias, conjeturamos quien podría ser el pivote: sólo faltaba establecer quiénes integraban la SECTA que actuaba alrededor. (Como todas las cartas las había depositado yo en el buzón correspondiente de la Oficina Central de Correos, en el Centro de la Ciudad, supusimos que la “mano negra” que las sustraía trabajaba ahí. Acordamos que yo enviaría otras dos de anzuelo, que también se esfumaron.)

Lo que diferencia radicalmente a una secta de una expresión comunitaria subcultural o incluso contracultural, es que mientras el objetivo de éstas es poder vivir a su manera, el de aquélla es imponer un estilo de vida a los más que pueda, primero privada, directa o personalmente, pero de contar con algún medio que le dé una ventaja, lo aprovechará, como sucedió en mi caso con la intrusión en un servicio público como el Correo.

Ahora lo vemos en Internet -sobre todo, pero no exclusivamente- con las redes sociales, que en estos años se han convertido en el instrumento por excelencia para garantizar el triunfo electoral de organizaciones y movimientos que pasan por políticos aunque por su organización, ideología y comportamiento interno y externo se parecen demasiado a los característicos de las sectas vigilantes y controladoras, como el Pensamiento Único, la Obediencia Incondicional al líder y la Pureza Moral (¡No se rían!).

Y esto en países que no hace mucho se tenían por multiculturales o en vías de serlo y en tiempo record han involucionado hacia sociedades cerradas, chauvinistas, xenófobas, en una palabra, intolerantes tanto interna como externamente por decisión de sus gobernantes, que no parecen ser de esta época, empeñados en restaurar instituciones como la Religión Oficial, el Partido de Estado y el Glorioso Ejército con toda su parafernalia “patriótica” (?), que ha llevado a los estudiosos a hablar de la retirada (backsliding) de la Democracia como régimen en construcción o perfeccionamiento, llevándolos inexorablemente de vuelta a la autocracia y el totalitarismo de antaño.

¡Así que cuidado con las sectas, sobre todo las que tienen miembros en puestos de Gobierno, sean bajos o muy elevados!

¿Cómo ven la situación atentos lectores?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.