Por: Ariana Magaña Narváez
Cuídate de estar solo
cualquier día a las seis de la tarde,
cuando el ocaso te apaga las velas
que repelen fantasmas.
Los perros ladran a las seis
cuando la bruma lame la tierra
y se desangra un dios en el horizonte.
Dagas de nostalgia secan las hojas
mientras el día nos agoniza en los brazos.
Los muertos se levantan
cualquier día a las seis de la tarde.
Esta hora está más muerta que noviembre.
Cuídate de la tristeza de las seis
y del grito aterrador de las aves en las copas.
Escóndete a la vista de todos
para que no te alcancen las noticias
de las seis de la tarde.
Sudan los muros.
Efigies de recuerdos azotan la aldaba,
y por las grietas de la loza
se desliza el miedo
para beber ansiedades
y presagios de muerte, sin azúcar.
Las cortinas se han bajado
a las seis de la tarde.
Todos corren;
corre la gente escuchando la radio
para volver a casa.
Dichoso aquel que lo esperan tras la ventana.
Dichoso aquel que hiende el silencio
para conversar con dios.
Y pobres de aquellos
que se enfrentan sin armas
a una tarde cualquiera
en punto de las seis.
Ariana Magaña Narváez es astróloga, actriz, docente y escritora. Dirige: Arti Bello Producciones.




























