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Lectura interior

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Image por Adis Resic en Pixabay

Por Abel Pérez Rojas

A veces meditar es leer,
y leer es meditar,
porque la ansiedad del scroll
nos orilla a dejar la página siguiente
como si se tratara de una habitación cerrada
sin oxígeno.
Y así el pensamiento se demora,
se repliega sobre sí,
mientras las letras cruzan su cauce
como peces buscándose en el fondo.

Leer es soltarse al remanso
de un lago en medio de las montañas,
aceptar ser tocado por la levedad
de la superficie,
y no pensar en la profundidad
cuando el goce está en el desliz,
en el dejarse llevar por las letras
mientras la trama se teje afuera
entreverada en nuestro interior.
El silencio abre su respiración
y nos devuelve una imagen de lo que somos.

Porque en ese remanso hay un doble reflejo:
el lago que mira el cielo,
el lector que contempla su sombra,
y el texto que anida en ambos.
El respiro se vuelve imagen,
la página, tiempo detenido.
Y entre el ruido de la prisa
la palabra se hunde y emerge,
preguntando lo que somos,
respondiendo a cuentagotas.

El arte de leer es abandono:
soltar el mundo asfixiante,
dejar ir la mañana que urge,
y detenerse en la vibración del signo.
Allí donde la letra es luna y es camino,
nos vemos de pie, sin armadura,
en la orilla del estanque que no exige,
solo invita a la quietud,
a la respiración honda
de quien comprende atendiendo.

Así meditar y leer se confunden
como dos ríos que se cruzan
hacia un delta en el horizonte.
El vértigo se disuelve, la página respira,
y lo que era superficie se vuelve desfogue.
La ansiedad se extingue
—el scroll queda atrás —,
y allí, entre el rumor de las cordilleras,
la conciencia flota,
sin necesidad de afirmar,
solo de estar presente.

Y es en ese estar donde ocurre el milagro:
las letras cesan de ser signos apresurados.
El lector es agua, es cielo, es sombra,
es todo a la vez.
Leer es meditar, meditar es leer,
y en ese instante la habitación cerrada
se abre y el asombro cruza cual colibrí.
El mundo afuera y el mundo adentro
se reconocen,
la página siguiente
ya no es un salto incierto,
sino un paso consciente
hacia lo que no puede nombrarse,
solo vivirse.

Meditar es leer,
y leer es meditar
cuando la unidad aparece.

Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta