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Nahomi, fuente del deseo

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Imagen de Marilyn Cada en Pixabay

Por Salvador Calva Morales

El amanecer apenas roza el día,
y ya tu nombre en mi pecho ardía.
Los rayos suaves, que al alma acarician,
me traen tu esencia, tu luz que reinicia.

El atardecer, en su pausa dorada,
susurra tu voz, tu mirada callada.
En cada jornada, del alba al ocaso,
mi mente te sigue, mi ser te hace caso.

Mujer de ciencia, de mente sagrada,
curas dolores, devuelves la calma;
mas antes del bisturí o la mirada,
ya sanas la herida profunda del alma.

Porque te pienso envuelta en rocío,
como la fuente que canta en estío.
Abriste tu llave de mármol divino,
la Fuente de Trevi fue tu destino.

Y al nombrarme, tu mente viajera
encendió en la mía la misma hoguera.
De lejos sentí tu impulso y tu canto,
la piel estremecida, el espíritu en manto.

No hay distancia que enfríe tal unión,
cuando el deseo se vuelve oración.
Nuestros cuerpos, sin tacto ni suelo,
hallaron su cielo, su múltiple vuelo.

Así te celebro, mujer de nobleza;
en ti la pasión se vuelve pureza.
Y aunque la noche se apague en su juego,
tu nombre me arde, Nahomi, en el fuego.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta