Por Saile Villalobos
¿Hasta dónde influyen los genes en nuestras vidas?
Durante mucho tiempo se creyó que nuestra herencia genética era aquello que definía cómo íbamos a vivir. ¿Cuántas veces nos hemos justificado diciendo que enfermedades, adicciones o incluso el temperamento son heredados de nuestros padres? Es cierto que existe una predisposición genética para padecer ciertas enfermedades de origen hereditario.
La buena noticia es que ha surgido una disciplina especializada llamada epigenética, la cual demuestra que podemos influir en la actividad de nuestros genes para evitar el desarrollo de ciertas enfermedades o incluso inhibir la predisposición a adicciones o trastornos mentales.
Sabemos que la genética es la rama de la biología que estudia la herencia; es decir, cómo se transmiten los genes y las características físicas y psíquicas de una generación a otra.
¿Y qué es la epigenética?
La epigenética (del prefijo epi, “por encima” o “más allá”) estudia cómo el entorno y el comportamiento modifican la actividad de los genes mediante procesos como la metilación, que funciona como un interruptor de encendido y apagado en función de las condiciones ambientales.
El genotipo es el conjunto de información genética (ADN) heredado, mientras que el fenotipo es la expresión observable de esa información, influida por el entorno.
Más allá de la genética, la epigenética es, sin duda, uno de los descubrimientos más relevantes de los últimos veinte años.
Gestionar el cuerpo a través de la epigenética permite prevenir enfermedades y aspirar a un envejecimiento saludable; la vejez no es sinónimo de enfermedad.
La revolución epigenética radica en que los individuos no están completamente predeterminados por sus genes. El comportamiento y la voluntad de actuar pueden modificar la predisposición biológica, optimizando las posibilidades de una mejor calidad de vida.
Entre las enfermedades influenciadas por factores epigenéticos se encuentran:
- La diabetes tipo II
- Las enfermedades cardiovasculares
- El cáncer
Por ejemplo, nuestros hábitos alimenticios influyen directamente en la expresión genética; la alimentación es un factor clave en la epigenética.
Al modificar nuestros hábitos, modificamos también el pronóstico de ciertas enfermedades, al inhibir la expresión de genes asociados a ellas.
Factores de riesgo:
- Tabaquismo
- Alcoholismo
- Obesidad
- Consumo de alimentos ultraprocesados
- Consumo excesivo de azúcar
- Trastornos mentales (ansiedad, depresión, predisposición a adicciones, etc.)
- Entornos nocivos: contaminación, estrés crónico, pobreza extrema
En su obra El gen egoísta, Richard Dawkins establece un paralelismo entre el gen biológico y el meme (de mimesis, imitación), entendido como un elemento cultural transmisible —creencias, palabras, rituales o modas—. Este planteamiento se relaciona con fenómenos como las neuronas espejo y el aprendizaje por imitación.
El ADN constituye la base estructural de las células, el “material de construcción” de los organismos. El desciframiento del código genético, a través del Proyecto Genoma Humano, ha permitido identificar genes asociados a diversas condiciones, como la adicción, la obesidad o ciertos trastornos mentales.
¿Somos dueños de nuestro destino?
¿Cómo actuar y transformar nuestra vida si estamos “programados”?
Durante mucho tiempo se pensó que el ADN no podía cambiar, salvo mediante mutaciones, procesos que requieren muchas generaciones para manifestarse en la evolución.
Sin embargo, hoy sabemos que nuestras decisiones influyen directamente en la expresión de nuestros genes. Elegir fumar, beber o adoptar hábitos saludables tiene un impacto biológico real.
La epigenética ha demostrado que estamos profundamente influenciados por el entorno y el comportamiento. La información ambiental modula la expresión genética, activándola o inhibiéndola mediante mecanismos regulatorios como la metilación.
Gracias al conocimiento del genoma humano, sabemos qué genes están asociados a determinadas enfermedades. También sabemos que, al modificar nuestros hábitos, podemos influir en nuestra biología, inhibiendo la expresión de enfermedades latentes o potenciando facultades favorables.
El entorno es un factor determinante, como lo demuestran los estudios en gemelos monocigóticos (genéticamente idénticos) criados en ambientes distintos, quienes desarrollan expresiones fenotípicas diferentes.
Conclusión
Podemos intervenir directamente en el pronóstico de nuestra información genética mediante la modificación de nuestros hábitos y del entorno en el que vivimos.
Saile Villalobos (eliasvillalobossaile.com) nació el 5 de mayo de 1952 en la Ciudad de México. Es licenciado en Mercadotecnia y Publicidad. Trabajó en la industria farmacéutica durante treinta y tres años. Es autor de las novelas «Del odio al amor», «Frente al espejo», «La corporación» (El secreto) y «Grafiti». También es autor del poemario «Mis reflexiones». Ha publicado «Cuentos y fábulas», «El niño navegante» y «Fábulas y cuentos del Búho Sabio». Ganador del concurso de cuento infantil BUAP-Sabersinfin, con su obra: «El niño alebrije». Ha participado en todas las ediciones de la «Antología internacional de poesía Sabersinfin». Publica en «Filigramma», la revista del Círculo de Escritores Sabersinfin.





























