– La Cueva de los Espejos –
Por: Alejandro Rivera Domínguez
Asistió a muchas conferencias en las universidades europeas, donde se debatía ferozmente las ideas darwinianas, los pros y contras de una de las ideas más polémicas de la historia de la ciencia. En México también debatían Justo Sierra y Gabino Barreda. La Evolución, como teoría, no era desconocida en los cenáculos intelectuales del país. Pronto algunos elementos darvinianos se establecieron como parte de la educación formal en La Escuela Nacional Preparatoria, mientras entre los anglos, algunos estados prohibían y aun hoy, sigue prohibido enseñar las teorías de Darwin.
Con el terreno abierto, Drinker Cope, instaló un campamento base en Kansas para extraer huesos indiscriminadamente. Las praderas extendían hasta los desiertos de Arizona, Nuevo México y California; todo aquel enorme territorio, habitado por indios, los cuales eran engañados frecuentemente y expulsados por los esbirros armados hasta los dientes y, apoyados por las tropas acantonadas en tierras lejanas. Drinker Cope, se aseguraba de mantener el terreno seguro apoyado por gambusinos, aventureros y la tropa, todos los cuales eran recompensados generosamente. Los descubrimientos no se dejaron esperar, de la noche a la mañana Edward Drinker Cope, se convirtió en el más afamado paleontólogo de Estados Unidos. Sus métodos, sin embargo, harían aliviar el intestino a un paleontólogo moderno.
La casa de Cope, en Pine Street, Filadelfia, muy pronto fue rebasada por la gigantesca cantidad de embalajes que contenían huesos sin clasificar. Escaleras, recámaras, jardines, fueron saturados de cajas repletas de fósiles de todos las especies y periodos geológicos, que forman los afloramientos geológicos en Estados Unidos. Los curiosos miraban con asombro el tamaño de algunos huesos dejados fuera de las cajas. Era alucinante ver el desorden en la casa de Edward y su familia adaptada a la ambición del señor.
Pero no era el único. Othoniel Charles Marsh, el típico explorador del Lejano Oeste, se abría camino en forma brutal. Se enfrentaba con firmeza a cualquier obstáculo que se presentara y con métodos poco recomendables, avanzaba hasta lograr sus propósitos. El padre de Othoniel se casó con la hermana de un pobre diablo llamado George Peabody. Con el tiempo y mucho trabajo, no siempre limpio, se convirtió en uno de los multimillonarios de Estados Unidos. Peabody no tuvo hijos y adoraba a su sobrino Othoniel, quien desde la infancia, al igual que Cope, mostraba claras inclinaciones de naturalista. Su tío, estuvo de acuerdo con el joven Othoniel en dedicarse a la naciente paleontología, y le recomendó asistir a Harvard, dotada de un claustro de maestros notable, la mayoría europeos atraídos por los salarios que recibían. Sin embargo, el astuto joven, eligió a la, por entonces, pequeña Universidad de Yale. En Harvard enseñaban los más notables anatomistas y geólogos, por tanto, según Othoniel, emplearía mucho más tiempo en ser reconocido, con todo y los millones del tío Peabody. El glaciólogo suizo Agassiz, mundialmente famoso en aquellos años, solicitó una importante subvención al tío Peabody pero dirigida a Harvard. Con maniobras astutas, Othoniel desvió el donativo a Yale, con lo cual surgió una rivalidad entre ambas universidades. Esta acción colocó al sobrino de Peabody en una figura en la otrora pequeña universidad. Con la maniobra, la universidad de Yale nombró catedrático al joven Othoniel, de hecho fue el primer profesor de paleontología de Estados Unidos. ¡Lo que logra el poder del dinero!
La ambición de Othoniel no parecía tener límites. Con el dinero del tío fundó el famoso Museo Peabody de Ciencias Naturales. Con un sitio espléndido para exhibir sus hallazgos, se propuso dominar y poseer todas las piezas paleontológicas disponibles a cualquier costo. Pronto comenzaron las exploraciones a través del desconocido Oeste de Estados Unidos. Con visión de negociante, se asoció con empresarios, constructores de vías de ferrocarril, el ejército incluso indios. En sus andanzas, Othoniel un tirador experto y buen jinete, se dio a la tarea de exterminar grandes cantidades de búfalos, incluso a pie. Bajaba del caballo y armado con un cuchillo mataba a grandes cantidades de inermes ungulados, muy respetados por los Sioux. Para estos indios, al igual que Mesoamérica, llegó el alcohol, la viruela, tuberculosis. En un año, los salvajes anglos exterminaron un millón de bisontes. Eso lo hacían muy bien, igualmente arrinconaban a muchas pueblos indios a reservas con serias limitaciones y nuevos problemas de sobrevivencia.
Mientras esta destrucción era ya sistemática, Edward Drinker Cope, continuaba sus excavaciones y enviaba grandes cargamentos a su casa en Filadelfia. Nació entonces una gran rivalidad entre Othoniel y Edward. Entre los descubrimientos más notorios de las excavaciones, apareció una pieza singular, se trataba de una mandíbula de un nuevo orden de ungulados (mamíferos con pezuña), desconocido hasta entonces. Para Drinker Cope se trataba de un animal gigantesco, una mezcla de elefante e hipopótamo. El hallazgo despertó gran interés y Edward lo bautizo como Eobasileus “emperador del alba”. Los dos sujetos, alcanzaron gran fama entre sus compatriotas, más atraídos por los denuestos y diatribas que por el valor científico de los hallazgos.
Ambos coleccionistas ofrecían buenos dólares por cada hallazgo realizado. Así, mientras uno ofrecía una cantidad el otro incrementaba la recompensa. Las descalificaciones e insultos caminaban juntos. Una serie de errores telegráficos, al enviar apresurados nombres a las especies fósiles, dio por resultado que nadie, entre los pocos expertos, entendiera nada. Edward Drinker Cope, lanzó el primer golpe a su contrincante Othoniel Marsh llamándolo plagiario, saboteador, saqueador y todo por lograr fama inmerecida.
Marsh en sus ataques, decía que Cope reportaba con fechas muy atrasadas, para levantarse con la prioridad. Los escándalos crecían de tono. El colmo llegó cuando Marsh acusó a Cope de ignorante y para mostrarlo, dijo que al describir una especie de Plesiosaurio, colocó la cabeza en la cola. El público seguía con gran algarabía estos enfrentamientos. A pesar de la falta de método, y con el sólo interés de la fama y la posesión enfermiza de material paleontológico, entre los dos descubrieron unas ochenta especies de Saurópodos, mamíferos primitivos, dinosaurios, aves dentadas entre otras especies.
Edward fue el primero en caer en la batalla. Enfermó gravemente e invirtió en minas de plata improductivas. Perdió su fortuna y debió vender colecciones completas ya formadas, al Museo de New York para sobrevivir. En 1871, era un hombre pobre que vivía en un gigantesco osario.
Poco le duró el gusto a Marsh, se había unido a la sección geológica del gobierno federal, que se encargaba de los proyectos de exploración y cartografía. Un periodista del diario Herald, comenzó a seguir los pasos de Marsh y la sección federal de geología. Pronto, descubrió turbios manejos de recursos. El caso Drinker Cope-Marsh alcanzó tal dimensión que fue turnada al Congreso. La decisión fue tajante y radical. Marsh fue cesado de su otrora monolítico puesto en el gobierno; también vio reducidos sus recursos. Aceptó una subvención de su querida Universidad de Yale. El gobierno puso fin a los recursos “para buscar huesos viejos. Se derrocharon miles de dólares y pusieron en entredicho la ciencia de Estados Unidos. Fue el fin. La ambición, la carencia de escrúpulos, la ambición, la búsqueda de efímera fama, terminaron entre risas y burlas.
Edward Drinker Cope, en la pobreza, murió en 1897 y Othoniel Marsh en 1899.
En tanto, México buscaba una paz espesa y olvidadiza. Se construía una imitación de Europa. Olvidamos en un pasadizo de la historia, nuestra propia historia.
Alejandro Rivera Domínguez, integrante de la Asociación de Estudios del Pleistoceno.




























