Cada parpadeo acumula silencios,
los latidos, cuentas de un rosario que no se reza,
improntas que golpean,
como un martilleo en el aire que ya no responde.
Las manos, abiertas y vacías,
tocan el borde de un consuelo que no llega,
justo antes del estallido.
El mundo sigue girando,
pero la esperanza,
delgada como un suspiro,
se aferra a cada segundo,
a cada sombra que oculta un rostro perdido.
El amor, testarudo,
mueve montañas y piedras,
mientras al fondo del barranco
las voces calladas se enredan en la maleza,
esperando ser escuchadas.
Los huesos, ajenos al tiempo,
reposan bajo la amenaza
de un olvido cubierto de moho.
Afuera, las vidas se balancean en la nada,
suspendidas entre el abismo y la certeza,
y es la luz la que se empeña en persistir,
como una verdad que aguarda
tras la espesa niebla.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta






























