-Una reflexión y un poema-
En este espacio de reflexión, los invito a detenerse por un momento a pensar en el viaje de la vida. Ésta no es una línea recta. Es una colección de pasos y transiciones.
¿Qué tienen en común un primer beso, un adiós, o un nuevo comienzo? O tal vez, esa decisión que sabíamos, que cambiaría todo. Recibirse, casarse, son “ los umbrales”. Esos momentos invisibles, pero inmensamente poderosos que marcan un antes y un después en nuestra existencia. Cada umbral nos obliga a dejar algo atrás para poder avanzar y convertirnos, en quienes estamos destinados a ser. Estamos explorando la belleza y la incertidumbre de esa zona de paso.
Los umbrales en la vida son momentos clave de transición, que marcan el paso de una etapa a otra, implicando un cambio de identidad, perspectiva o estado.
Traspasar el umbral puede significar un punto de inflexión, que implica crisis, disolución y reintegración. Los umbrales pueden verse como el límite entre un estado de ser, un rol, una forma de pensar y el siguiente. Suele implicar un desprendimiento, que puede generar ansiedad, miedo o resistencia. El paso del umbral puede no ser una línea fina, casi sin tiempo, entre lo que uno fue y lo que será. Es una travesía, no una línea de llegada y al superarlo, es imaginable aceptar una nueva identidad, rol y comprensión de los hechos.
Quiero compartir con Uds, mi poema “Los umbrales” nacido de estás reflexiones.
Los umbrales
Un umbral es una entrada,
el inicio de lo que comienza
también una herida abierta
el peso que se renuncia.
Todo depende de la mirada,
la rendición de lo que se piensa
de la piel que ya no sirve
de la antigua creencia.
Hay muchos tipos de umbrales
que serán pasos en la vida
y aunque algunos dan alegrías
la mayoría son despedida.
Para unos es la puerta
tallada en roble fino
para otros la fisura
de la grieta de un destino.
El umbral no es un punto
es un espacio de duda
no es aquí, tampoco allá
donde el miedo se escuda
No es sólo un paso al frente
cómo la huella en la arena
es el ropaje de aspecto viejo
que el alma se condena a soltar.
Es la nostalgia dulce
del sitio que se abandona
hacia incierto futuro
que te mira y no perdona.
Carlos Pereira Cohen es investigador y poeta radicado en Mar del Plata, Argentina.




























