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Barreras en el acceso a terapias nutricionales complican la lucha contra el cáncer

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Imagen del sitio agenciadenoticias.unal.edu.co

La desnutrición es un enemigo silencioso para los pacientes con cáncer. Pérdida de masa muscular, debilidad extrema y mayores complicaciones en los tratamientos agravan su estado de salud. Además, esta condición impacta tanto a las familias como al sistema sanitario, elevando los costos médicos. Experta de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) advierte sobre la urgencia de abordar la economía de la nutrición oncológica, primordial para mejorar la calidad de vida de los pacientes y reducir los gastos en atención médica.

Un ejemplo claro de este problema son los pacientes con cáncer gástrico, quienes, por la severa pérdida de peso, pueden no tolerar los tratamientos. Muchos de ellos requieren suplementos nutricionales específicos, los cuales no siempre están cubiertos por el sistema de salud, lo que obliga a las familias a asumir costos elevados.

Sin este apoyo nutricional, las hospitalizaciones se prolongan y los gastos del sistema de salud aumentan considerablemente, por eso es tan importante incluir la nutrición como un pilar clave en el tratamiento oncológico.

La profesora Olga Lucía Pinzón Espitia, integrante del Grupo Interdisciplinario en Teoría e Investigación Aplicada en Ciencias Económicas (Gitiace), de la Facultad de Medicina de la UNAL, ha trabajado por más de una década en esta línea de investigación y ha identificado que los pacientes con desnutrición tienen un mayor riesgo de complicaciones, y que una intervención temprana reduciría el tiempo de hospitalización en al menos un 30 %.

Quienes padecen esta enfermedad, la principal causa de muerte en el mundo, tienen un alto riesgo de desarrollar desnutrición debido a los cambios en su cuerpo, el metabolismo y los efectos de los tratamientos médicos.

“Algunos tipos de cáncer generan un aumento del metabolismo basal, lo que implica una mayor demanda calórica y proteica. Además, el síndrome de caquexia, frecuente en pacientes oncológicos, se caracteriza por una pérdida progresiva de peso y masa muscular, incluso cuando el paciente mantiene una ingesta adecuada de alimentos”, explica la profesora Pinzón.

“Este proceso es impulsado por la inflamación sistémica, mediada por citocinas que afectan el metabolismo y reducen la capacidad del organismo para aprovechar los nutrientes”, agrega.

Otra dificultad importante es la pérdida del gusto y el olfato, que derivan en la falta de apetito, efectos secundarios de tratamientos como la quimioterapia y la radioterapia. Según la profesora, debido a los químicos muchos pacientes presentan trastornos como la disgeusia (mal sabor) y la anosmia (pérdida del olfato), que afectan la percepción del sabor de los alimentos y pueden reducir el deseo de comer. Además, cuando el tumor está ubicado en áreas del sistema digestivo, puede causar obstrucciones que dificultan la ingesta y absorción de nutrientes.

La economía y la nutrición van de la mano

“Cuando hablamos de economía de la nutrición estamos integrando las ciencias de la salud con el análisis económico. En el caso del cáncer, su aplicación es clara porque una intervención nutricional oportuna no solo mejora el pronóstico de los pacientes, sino que además reduce el tiempo de hospitalización, la necesidad de procedimientos adicionales y el gasto sanitario general”, explica la profesora.

Para evaluar el impacto de la desnutrición en pacientes con cáncer y proponer estrategias costo-efectivas, la académica se ha dado a la tarea de hacer minuciosas revisiones sistemáticas de literatura, metaanálisis y modelos de evaluación económica para entender mejor la relación entre nutrición y cáncer. “También hemos implementado modelos de predicción basados en análisis de decisión, lo que permite proyectar el impacto de diferentes intervenciones nutricionales en términos de costos y resultados clínicos”, precisa.

El estudio también incluyó entrevistas con pacientes y profesionales de la salud para entender las barreras en el acceso a la terapia nutricional, pues, según la experta, no basta con demostrar que la intervención nutricional es efectiva, sino que además se requiere entender qué factores impiden su implementación en el sistema de salud colombiano. Para ello se han analizado datos de hospitales y aseguradoras, con el objetivo de diseñar estrategias que permitan incorporar la nutrición clínica en las políticas públicas.

Los esfuerzos de la Universidad se han enfocado en generar estrategias de intervención nutricional que se puedan implementar de manera costo-efectiva en el país. Una de las principales propuestas que hace la docente es incorporar la nutrición clínica oncológica en las políticas de salud pública, lo cual permitiría establecer protocolos de atención nutricional desde el momento del diagnóstico, asegurando así que los pacientes reciban el soporte adecuado desde el inicio de su tratamiento. “El reto es lograr que la nutrición sea vista como parte esencial del tratamiento integral del cáncer”, enfatiza.

El grupo de investigación también ha identificado la necesidad de desarrollar infraestructura y capacitación especializada en nutrición oncológica. “No solo los profesionales de la salud deben estar preparados para brindar este tipo de atención, sino también los cuidadores, las familias y las asociaciones de pacientes. Es una tarea conjunta que requiere del compromiso de diversos sectores”, destaca la profesora Pinzón.

Otro de los desafíos es desarrollar modelos de financiación basados en valor, lo que implica un cambio en la forma de invertir los recursos del sistema de salud, priorizando estrategias que han demostrado ser costo-efectivas. “Una de ellas es la nutrición oncológica, ya que reduce hospitalizaciones y complicaciones. Si logramos que las aseguradoras y el sistema de salud incluyan la terapia nutricional dentro de los tratamientos estándar, podremos reducir significativamente el impacto económico de la enfermedad”.

Según la docente, en un país donde el acceso a la salud sigue siendo un reto, la economía de la nutrición es una solución viable para optimizar el uso de recursos y mejorar la calidad de vida de los pacientes con cáncer. “Es urgente que entendamos la nutrición como una inversión en salud y no como un gasto. Los costos de no intervenir son mucho más altos que los de una atención nutricional oportuna”, concluye la experta.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co