El colibrí y la serpiente que desciende dan un giro espectacular al poema y nos muestran la fuerza de la vida.
Por: BrendaCarol Morales
Esta semana, me complace compartir con ustedes uno de los poemas de una de las compañeras del programa Lunes de Poesía Lunar. Esta vez es el turno de mi estimada Luz Gabriela Balcázar, quien con la sencillez y constancia que la caracteriza, siempre está presente pese a las vicisitudes que el Internet le provoca. Su voz es muy atinada y apreciada.
Luz Gabriela Balcázar, poeta mexicana, cursó la licenciatura en Contaduría Pública en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Es una activa organizadora de eventos culturales, realizadora de talleres, conferencias, cursos y líder en relaciones públicas. También ha participado en todas las ediciones de la Antología internacional de poesía Sabersinfin. El poema que hoy compartiré, lo tomé de la VI Antología. Además de todas las actividades en las que participa, conduce y produce el programa Generando Consciencia, el cual se transmite a través de Sabersinfin.com. Es integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin y del programa Lunes de Poesía Lunar.
No entregues guirnaldas
Luz Gabriela Balcázar
No entregues guirnaldas en invierno,
no adornes mi recuerdo con sedas vanas,
confeccioné mis ropas de yute,
con ellas abracé sin ver el dolor escurrir.
Por el amor que una vez tuvimos,
y por aquel que tarde comprendí,
tu amor permanece como el aroma de la rosa;
canta, baila, dedícate a vivir.
Granos de arena filtran mi consciencia,
en silencio, la levedad me guía
a un lugar donde no hay oscuridad
que acalle secretos.
Ofrezco mi corazón como nido
para el colibrí.
No entregues guirnaldas en invierno,
tendré un jardín floreciendo
cuando mi alma deje
este cuerpo inerte, que no supo aprender.
Crepitando de miedo ante imágenes temibles,
a punto de ser devorado,
el resplandor de una espada,
forjada en sutiles oraciones, aniquiló al verdugo.
Desciende la serpiente en el umbral,
me encuentro como guerrero,
sigo la serpiente que desciende.
Al dar una primera lectura al poema, da la impresión de que el yo poético rechaza cualquier complacencia, cualquier ternura y se juzga a sí misma con dureza ya que rechaza las sedas y prefiere el yute, una fibra natural que solía ser considerada rústica, y barata, por no haber comprendido al amante, a quien conmina para que viva alegre. Quizá por eso también rechaza las guirnaldas, símbolo de fiesta que, al mencionar el invierno, llaman a pensar en la Navidad a aquellos que vivimos en latitudes por encima del ecuador.
Sin embargo, al leerlo con mayor detenimiento, encontramos cómo Luz Gabriela hace referencia a la mitología maya y azteca que se relaciona con la fertilidad y la vida: el colibrí no es solo un pájaro de bellos colores ni ofrecerse como un nido para él es una entrega retórica o el impulso de una enamorada más: el colibrí está ligado a la fertilidad, al sol y a las deidades y, cuando se ofrece el corazón como morada, confirma su disposición para la vida.
Por otro lado, se muestra dispuesta a dar batalla como guerrera de la vida cuando la serpiente desciende: fenómeno de luz y sombra que ocurre en la pirámide de Kukulkán en Chichén Itzá durante los equinoccios. Este simboliza el regreso de la deidad para fecundar a la Tierra y bendecirla. Representa el inicio de un nuevo ciclo de vida.
De esa manera, en este poema tan potente, encontramos que pese al dolor que rechaza la piedad o las honras y se atreve a dejarse guiar por la verdad, hay una apertura a la vida, a la fecundidad y a un nuevo ciclo, con lo que la existencia siempre cambiante, se vuelve eterna; cumple sus ciclos para ese yo poético que dejó atrás los temores y, por qué no, las culpas.




























