ConoSer Bien
“En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”.
Albert Einstein
Desde el origen de la Humanidad los seres humanos han realizado diversos rituales con la finalidad de que la voluntad divina les favoreciera con la buena fortuna contra esos misterios que eran difíciles de explicar, como el rayo, la lluvia, el fuego, etc. Hicieron rituales para sus cosechas, sus animales, pasando por las formas más antigua de organización social como los clanes y las tribus, así mismo, para sus seres más cercanos y sobre todo para ellos mismos.
Para los antiguos, los misterios eran una experiencia profunda que otorgaba cierto conocimiento al que solo podían acceder quienes hubiesen pasado por una serie de pruebas (iniciación), y así, poder contemplar lo que estaba oculto. Los adeptos eran iniciados en las escuelas de misterios¹ a partir de arduos y complejos rituales.
Las escuelas de misterios fueron cultos religiosos del mundo antiguo que estaban reservados a los iniciados. Los detalles de la iniciación y la práctica de culto eran secretos y no se podían revelar a los extraños. Se instruía a los seguidores de los arcanos de la naturaleza y la existencia en sus principios para conocer la verdad y lograr la espiritualidad.
Desde Hermes, Jesús, Buda, Krishna hasta algunos de los grandes filósofos de la antigua Grecia, han sido portadores de aquellos grandes secretos de la humanidad. Muchos de ellos aprendieron estos secretos en distintas escuelas iniciáticas, de donde surgieron las primeras formas de ciencias secretas, ciencias que llevaban al ser humano a un estado de vida superior.
Todo ese conocimiento ancestral tenía como objetivo fundamental que el iniciado se convirtiera en “mago, sabio, santo, maestro en el arte de imaginar”. Por lo tanto, la imaginación se convirtió en algo que era necesario desarrollar para alcanzar su evolución espiritual y el conocimiento superior.
La palabra “imaginar” viene del latín imaginari y significa “formar una figura mental” (imagen), compuesta por: imago (retrato), más el sufijo -ar (terminación usada para formar verbos). El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra imaginar como: 1. Representar en la mente la imagen de algo o de alguien. 2. Inventar o crear algo. 3. Concebir algo con la fantasía. La imaginación, por tanto, es la capacidad de crear imágenes mentales de objetos o sucesos que no existen o que no han sucedido.
Aristóteles consideraba la imaginación como una facultad que produce imágenes, y que es una forma de percepción débil. Para él, la imaginación es una tercera potencia, distinta de la percepción y del pensamiento discursivo (razonador, reflexivo y lógico).
La imaginación es un proceso creativo que permite manejar información para establecer una representación que los sentidos perciban. Puede ser una herramienta para reducir el estrés y la ansiedad. Imaginar situaciones positivas, relajantes o inspiradoras puede ayudar a cambiar la percepción de las circunstancias estresantes.
Al ser la imaginación la base de la creatividad, es decir, primero imaginamos y luego actuamos para materializar nuestras ilusiones, es necesaria ahora más que nunca la imaginación y la creatividad, su ausencia crea rigidez mental y carencia de adaptación en un entorno que cambia constantemente y a gran velocidad.
Los científicos han demostrado que al imaginar se activan los mismos circuitos cerebrales que cuando lo hacemos o lo experimentamos; en otras palabras, si imaginamos que estamos haciendo un deporte el cuerpo responde como si fuese cierto, es decir, se acelera nuestro ritmo cardíaco, nuestra respiración, nuestra tensión arterial, se producen microcontracciones musculares, exactamente igual que cuando soñamos.
Nuestra imaginación funciona como un simulador virtual interno en el que podemos probar situaciones, entrenar, crear, prever, incidir en nuestro organismo, mejorar el aprendizaje y las habilidades socio-emocionales.
La imaginación tiene cinco fases que se desarrollan a lo largo de la vida: la somática, la mítica, la romántica, la teórica y la creativa.
La primera fase surge cuando somos bebés -estamos en la fase somática, eso quiere decir que imaginamos desde el cuerpo. Cuando el niño empieza a hablar desarrolla la segunda fase o imaginación mítica. La tercera fase se presenta en el adolescente porque vive en la imaginación romántica. La cuarta fase es la imaginación teórica-filosófica: avanza desde la imaginación del cuerpo, trae las fantasías de la infancia, pasa por las experiencias de la adolescencia y está buscando callarse, empieza a teorizar, a hacerse preguntas.
La persona más imaginativa es la que ha sabido callar porque ha escuchado lo que imagina el otro y ha sumado a su propio imaginario algo de su imaginario. Es la quinta fase de la imaginación adulta, la fase creativa.
La imaginación es una herramienta poderosa que podemos y debemos entrenar, para ello, los especialistas nos sugieren: a) Relajarse. La imaginación ha de ser algo fluido y divertido, la imposición es la antítesis de la fantasía. En ocasiones, el ruido mental nos impide escuchar la voz de la intuición; b) No censurar nuestras las ideas. Cuando se enfrente un dilema hay que plantear todo lo que se le ocurra sin censura. c) Probar actividades nuevas y divertidas, sin ningún propósito en específico, se trata de dejar que salga el niño interno, él sabrá qué hacer.
Por tanto, comience hoy mismo a trabajar y desarrollar su imaginación dormida. No existe un método único y universal, se trata de ir derrumbando barreras.
La imaginación, amable lector, es un elemento clave para crear arte, herramientas y generar innovación, por ello, el balance entre la imaginación y el pensamiento lógico puede generar una vida plena y exitosa.
Jorge A. Rodríguez y Morgado, titular de la columna y el programa ConoSER bien. Twitter: @jarymorgado, correo electrónico: jarymorgado@yahoo.com.mx. Colaborador destacado de: Sabersinfin.com
Referencia:
https://elquindiano.com/noticia/201379/escuelas-de-misterios-transiciones-y-puertas-de-un-pasado-pagano/
































