Mis pensamientos, prendados de ti,
bailan en ardiente frenesí.
Llenas de pasión mis hormonas precipitadas,
que en ritmo ardiente esperan por ti.
Tus ojos, como estrellas en la noche,
iluminan mi camino, sin reproche.
Tu sonrisa, como un sol en mi día,
llena mi mente de mágica alegría.
Cada palabra tuya, un susurro divino,
me lleva a un mundo cristalino,
donde en tus brazos, encuentro el placer
que hace a mi locura amorosa renacer.
Enrique Canchola Martínez
septiembre 2024-01EC




























