He visto a familias desintegrarse por las herencias materiales. Los vínculos que alguna vez parecieron inquebrantables se resquebrajan bajo el peso de lo tangible. Se pierde más de lo que se piensa. El valor de los objetos es efímero, pasajero; pero el daño que generan las disputas por ellos es profundo.
Es en esos momentos cuando las memorias compartidas, los abrazos y las miradas cómplices quedan sepultados bajo la tolvanera fría de una disputa vacía.
Lo que se hereda no debería ser solo lo material. ¿Y si el verdadero legado estuviera en los valores, en el respeto y en el amor?
Porque, al final, lo único que nos queda es aquello que no puede ser contado ni tasado: el tiempo que dedicamos a construirnos unos a otros.
Por eso, no te centres en los pesos y centavos, mira hacia dentro de ti, prioriza la paz y, enfrente, no veas al enemigo, mira a un ser sutil encarcelado por la ceguera de la materialidad.
Guillermo Axalco es amante del conocimiento. Considera la capacidad de decretar como una forma de crear y construir.





























