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Mi carne renace infinita

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Imagen de Natalia Lavrinenko en Pixabay

Con fiebre que arde y un alma doliente,
mis bronquios traicionan
el aire que ansío.
Pero el poeta que en mí late, vehemente,
desafía al mal,
al dolor y al vacío.

Las musas celestes iluminan mi mente,
galanas eternas
de mi inspiración,
y aunque mi cuerpo flaquea insistente,
mi pluma transcribe
su ardiente emoción.

El deseo febril se enciende en mis venas,
remedio no hallan
las frías inyecciones.
Son mis versos el bálsamo en las arenas
donde danzan de fuego
las elocuciones.

Ni la enfermedad ni su sombra oscura
detendrán mi pasión,
mi verbo encendido.
En el cielo de amor
que mi pecho procura,
soy inmortal
mientras conmovido escribo.

Mis bronquios se quiebran,
mas no mi deseo;
la pluma es espada,
mi verbo incandescente.
Y en mi pecho arde un cosmos,
vibrante y entero.

Las musas desnudas en la noche me invitan,
sus cuerpos celestes
me trazan caminos.
Sus curvas son órbitas
que en mi ser recitan
suspiros y estrellas
en juegos divinos.

El roce febril de su piel me desvela,
sus labios son fuegos
que queman la herida,
sus manos cometas
que en vuelo me encelan,
y soy universo
en su llama encendida.

Ni fiebre, ni sombras,
ni el aire escaso
apagan el fuego
que en mi alma palpita.
Mi pluma las busca,
las toma y las trazo,
pues en ellas mi carne
renace infinita.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta