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Migala

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Araña fotografiada por Salvador Calva Morales.

Por: Salvador Calva Morales

Apareciste hoy, y de la nada,
al amanecer, justo en mi ventana.
Te llamaré Migala,
en recuerdo de la araña de Juan José Arreola.

Así te llamaré, Migala,
en recuerdo de Juan José y su locura,
pues tienes en tus ojos la hermosura
de quien se sabe reina y cortesana.

Tu espalda, cual vitral que se desgrana,
refleja luz, misterio y donosura;
pareces una ninfa sin fisura,
tejiendo el aire en danza soberana.

Eres vanidosa, sí, lo admito:
te miras en el vidrio todo el día,
como si en ese espejo la alegría
fuese tu amante fiel, tu infinito.

Ni sombra ni reflejo más bonito
que el de tu cuerpo en lenta melodía,
hilando con paciencia y poesía
el hilo que sostiene tu apetito.

No creo que conozcas la vergüenza
ni el miedo humano del dimorfismo vano,
pues todo en ti respira lo artesano
de una existencia pura, sin defensa.

Tú no calculas tiempo ni sentencia,
ni esperas que te premie el ser humano;
sólo confías en tu hilo temprano
y en la red que del alma recompensa.

Te observo, y me fascina tu figura,
tu arte que no conoce la derrota,
pues aun si cae la lluvia o el viento azota,
renaces con paciencia y con dulzura.

Eres el símbolo fiel de la mesura,
la constancia que el mundo no advierte ni alborota,
la diosa diminuta que se nota
por su poder de amor y arquitectura.

Cuando un insecto ingenuo se aproxima,
lo envuelves con destreza en tu diseño,
y todo lo que de él sobra, sin desdeño,
lo dejas ir con calma y sin estima.

Así el amor también deja su rima:
devora lo que duele, y con empeño,
desecha lo que hiere,
lo pequeño,
y guarda lo esencial: la fe que anima.

Qué colores tan vivos en tu traje,
qué noble es tu quietud cuando me miras;
parece que en tus ojos te retiras
al reino del silencio y del ultraje.

Oh, musa diminuta del lenguaje,
que en hilo de cristal la vida estiras,
de ti aprendo la paz que tú inspiras
y el arte de esperar sin camuflaje.

Ya te escribí en mis libros, y te adoro,
pues eres de la vida un testamento:
la artista que del aire hace su aliento
y del temblor del sol, su propio oro.

Tú me recuerdas, con tu lento coro,
que amar también requiere un fundamento:
paciencia, fe, ternura y pensamiento,
y un corazón que sepa ir sin decoro.

Así, Migala, espejo de la calma,
te dejo en mi ventana y tu universo;
mas dentro de mi pecho va tu verso,
tu trama ya tejida en lo que el alma
aprende de tu red sutil y palma:
que amar es construir sin ser diverso,
es resistir al tiempo y su perverso
deseo de olvidar lo que nos salva.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta