Terminar como empezó la vida: apacible,
contemplando el mundo desde una burbuja.
Soñando despierta en la utopía,
y olvidar el intermedio del dolor, drama, locura.
Un intermedio de extravío
en el que perdí el alma.
Un humillante sinsentido.
Observando día a día la vida,
detrás de una sórdida ventana.
Prisionera de mi mente, divagando
en un espacio sin voces ni respuestas.
Sin presencias que me hagan compañía.
Al centro del caos y el disparate.
Mis palabras eran criptogramas
que los demás escuchaban
con repulsión y espanto.
El amor para mí fue inalcanzable
Encerrada entre espejos
repetidos al infinito, sola.
Un dolor soterrado
fue quemando mis vísceras.
Un ansia de vida, y una sensación
de pérdida, me persiguieron siempre.
¿Porqué habría de recordar ese intermedio
en mis últimas horas?
Lo único mío fue el tiempo,
que hoy también termina.
Intenté soportar el dolor del vacío,
la locura vistiendo mi locura.
Pero hoy, día de nadie,
termino con la conmiseración,
con el dolor punzante,
Y el ser sin ser que oprime mi garganta.
Mi legado es la muerte,
no hay a quien culpar de mi tragedia-
Hoy, sin aspavientos, lentamente,
pensando en aquellos
que no distinguirán mi ausencia,
termino con la sangre que
recorre mis venas y me asfixia.
Xóchitl Niezhdanova, Poetisa Mexicana




























