Hoy tuve comunicación contigo,
y aunque distante,
tu voz vibró en mis recuerdos,
muy desbordante.
Qué pena que mi poema
te haya sorprendido,
por llevar tu primer nombre,
nombre que no voy a repetir,
por portar un gozo perdido.
Comprometida,
y por eso te ofendes,
o solo con un “novio”,
pero tu esencia sigue aquí,
prendida en mi arroyo.
El poema, sin tu nombre,
sería vacío y banal,
porque tú, Sara,
fuiste mi verbo más carnal.
En mi historia hay muchas Saras,
lo reconozco,
pero ninguna como tú,
fuego voraz y glorioso.
Evoco ahora
lo más bello de nuestro pasado,
los orgasmos múltiples
que me diste sin cuidado.
Me hiciste sentir
veinte años menos, un milagro,
y en tu cuerpo encontré
el gozo más sagrado.
Efímero fue lo nuestro,
pero fantástico también,
como una llama ardiente
que consume el edén.
Hoy dedico estos versos
al placer compartido,
a tus gemidos,
a tus suspiros,
a tu cuerpo rendido.
Sara, musa fugaz,
pero eterna en mi deseo,
tu nombre sigue siendo
el verso que más venero.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta
































