Por: Salvador Calva Morales
¿Qué será esta sombra que lenta me abraza:
la muerte que llega o el amor que se pasa?
Ochenta y un años se fueron de prisa,
como dulce en boca que el tiempo desliza.
Mis musas queridas, sin previo aviso,
se van de mi lado, se deshacen como granizo.
Hace unos días partiste, Río Rosa,
mi musa encendida, mi joya preciosa.
Fuiste amor y fuego por más de veinte años,
donde el cuerpo ardía sin miedo a los daños.
Hoy lloro también a Consuelo perdida,
que hace dieciséis años dejó esta vida.
No es justo que huyan del mundo terreno
las damas que dieron su amor más pleno.
Sin lista ni nombres, mi alma las guarda;
mi pecho se quiebra, mi voz se retarda.
Son muchas ya, tal vez más de lo que confieso,
sus alas volaron y en sueños las beso.
Como ángeles puros al cielo han subido,
dejando en mis manos su amor compartido;
y yo, en esta tierra tan firme y sereno,
me aferro a recuerdos que trae el viento.
Me pregunto cuántas, antes que yo,
se irán a esperarme allá junto a Dios.
Quizá sean muchas,
quizá sean pocas,
pero en cada beso que guarda mi boca
hay promesa viva de eterno reencuentro.
No quiero ese trance sintiéndome solo,
prefiero un jardín de amor en su polo.
Mis musas queridas,
esperen mi paso,
abrácenme fuerte en el último abrazo.
Y así, rodeado de besos y flores,
me iré con ustedes, mis eternos amores.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























